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Quien «expresa y controla» sus emociones y las de quienes le rodean tienen menos estrés laboral y más éxito en el trabajo

MADRID, 06 (EUROPA PRESS)

Aprender a expresar, comprender y finalmente «controlar» las emociones propias y ajenas es la clave para mejorar la salud mental de un individuo y la productividad de su empresa, también en tiempos de crisis, según el profesor de Psicología de la Universidad de Málaga Pablo Berrocal, coordinador de las I Jornadas de Inteligencia Emocional en el Ámbito de la Salud, que concluyen hoy en Madrid.

Según explicó a Europa Press el profesor Berrocal, quien también participó en estas jornadas promovidas por la Fundación Mutua Madrileña, la inteligencia emocional es «la capacidad que tenemos todos, en parte por genética y en parte como habilidad para desarrollar, para percibir nuestras emociones y las de otros, comprenderlas, expresarlas y canalizarlas en nuestro beneficio».

Lograr este dominio sobre nuestras emociones y las de quienes nos rodean mejora la salud mental y física, optimizando también la productividad de las empresas, ya que, según el experto, «un trabajador contento quiere ir a trabajar y producir lo más posible».

En este proceso, que requiere tiempo y dedicación, lo primero es evaluar el nivel de inteligencia emocional del individuo. «Hay que preguntar si expresa bien sus emociones o las inhibe; si sabe «capitalizarlas» para potenciar sus aspectos positivos, como la creatividad o la capacidad de decisión, o si por ejemplo, comprende emociones complejas, como los celos o la vergúenza», explicó.

Después, se debe aprender «a vivir las emociones» –también las relacionadas con un alto estrés emocional, como las que pueden darse por ejemplo en un servicio de Urgencias– y demostrar, dice, «las habilidades con las que se consigue canalizarlas a positivo».

«APRENDER A ESCUCHAR 5 MINUTOS MÁS»

«En el caso de los profesionales de la sanidad, deben aprender a comunicar malas noticias, a escuchar al paciente cinco minutos más, ya que está demostrado que ésto mejora la relación con él, y en situaciones de estrés, a potenciar los aspectos positivos de nuestro trabajo y aceptar lo negativo, si no es evitable», indicó.

En la relación con los demás, lo principal consiste en optimizar las habilidades que nos permiten intuir cómo se sienten otros y «regular las emociones de los demás con lo que hacemos y dejamos de hacer, algo que todos hacemos todos los días de forma involuntaria y generalmente, negativa, logrando generan en los demás lo no buscado».

Según este experto, la inteligencia emocional de los profesionales de la sanidad ya es un factor a valorar en la selección de personal en Estados Unidos y una materia a impartir en los programas de formación, ya que manejar habilidades sociales «equivale a disfrutar de mejor salud mental, menos ansiedad y depresión y menos problemas con la gente con la que se desarrolla cada día el trabajo».