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ATLANTA, 13 (EUROPA PRESS)

Incluso pese a que el tabaco cause la muerte de sies millones de personas en todo el mundo cada año y ocasione una sangría de 500.000 millones de dólares a la economía global, de acuerdo con un nuevo informe de la Universidad de Georgia State (Estados Unidos), la recesión posiblemente no reducirá su consumo sino que lo aumentará.

La tercera edición del Atlas del Tabaco, realizado por Michael Eriksen, director del Instituto de Salud Pública de Georgia, ofrece una imagen comprehensiva del consumo de tabaco, las regulaciones y sus costes económicos y para la salud. La nueva edición del Atlas fue lanzada esta semana en Mumbai, India. El trabajo de Eriksen ha sido patrocinado por la Fundación Bill & Melinda Gates.

En un contexto de depresión económica, los productos que aportan consuelo en medio del estrés se venden muy bien. En Estados Unidos y fuera, y el tabaco no es una excepeción.

«No se entiende bien, pero la gente que pierde su trabajo, los desempleados y otros colectivos afectados por la crisis económica pueden confirar en «placeres asequibles»», dijo Eeriksen, «La ironía es que cuanto más pobre es alguién, las personas confían en placeres sencillos que son desafortunadamente los más mortíferos».

Desde la última ediciòn del Atlas en 2006, se han producido cambios de distinto signo. Entre los positivos figuran una relativamente rápida ratificación de la Convención sobre Control del Tabaco, el primer tratado internacional público desarrollado por la Organización Mundial de la Salud. Este tratado obliga a sus signatarias a realizar acciones como prohibir la publicidad y a promover ambientes limpios en espacios cerrados para restringir el consumo de tabaco y sus secuelas en enfermedad y muerte. Excluyendo a los Estados Unidos, 163 países ya lo han ratificado.

En el extremo opuesto, las tabaqueras han sido capaces desde 2006 de adaptarse a los cambios y continúan beneficiándose de lo que constituye una causa prevenible de enfermedad y muerte, hasta ganar 30.000 millones de dólares. «Por un lado, han aprendido a trabajar en un nuevo ambiente regulatorio, y por otro, han llevado a cabo medidas para soslayar las obligaciones que los estados adquieren al firmar el tratado», afirmó.