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MADRID, 4 (EUROPA PRESS)

Alrededor de 200.000 mujeres en España sufren artritis reumatoide y, de ellas, más del 50 por ciento no puede trabajar a causa de esta enfermedad discapacitante o tienen un empleo de peor cualificación, según señaló hoy el doctor Federico Navarro, jefe del Servicio de Reumatología del Hospital Virgen Macarena de Sevilla.

Esta patología, que afecta en mayor medida al colectivo femenino, produce dolor crónico, rigidez, inflamación, deformidades en las articulaciones y deterioro funcional. Esto conlleva un alto impacto psicológico, ya que, como afirman los últimos estudios, el 43 por ciento de las mujeres tiene un bajo estado de ánimo y en torno al 7 por ciento padece ansiedad o depresión.

«Entre el 25 y el 30 por ciento de las mujeres con artritis reumatoide en edad activa tiene algún episodio de incapacidad laboral transitoria al año a causa de la enfermedad; asimismo, ocho años después del diagnóstico, el 50 por ciento de las pacientes sufre incapacidad laboral permanente», afirmó.

Por tanto, se trata de una enfermedad con un alto impacto en la calidad de vida. «Dificulta su trabajo fuera de casa, lo que reduce sus ingresos económicos por las bajas; disminuye sus actividades de ocio e imposibilita muchas prácticas deportivas; cohíbe sus relaciones sociales, familiares y hasta matrimoniales todo esto tiene un impacto psicológico enorme, más allá de los síntomas físicos como el dolor crónico, la rigidez articular o la inflamación», señala.

Además, miles de mujeres tienen un empleo de «peor cualificación a causa de la artritis reumatoide o no están ni siquiera en el mercado laboral porque no se consideran capaces de llevar a cabo sus tareas», advierte el doctor Juan Ángel Jover, jefe del Servicio de Reumatología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. En consecuencia, «muchos pacientes ocultan la enfermedad por miedo a perder su puesto de trabajo».

«Es importante destacar que, en España, aún no hay una cultura de adaptación de los puestos de trabajo cuando aparecen enfermedades como ésta, con escasas posibilidades de que los afectados trabajen a tiempo parcial, ni de que existan sistemas de reincorporación temprana al trabajo para que aquellos pacientes que sufren una baja laboral prolongada puedan regresar al terreno laboral de manera paulatina», apunta.

Para evitar la discapacidad que genera el daño articular es fundamental lograr un diagnóstico y tratamiento precoz, ya que si se consigue el diagnóstico de la enfermedad en los primeros 6 meses, se puede implantar cuanto antes un tratamiento adecuado y controlar la enfermedad, impidiendo que avance y se deteriore la calidad de vida del paciente.

Asimismo, declara Jover, «cada vez más los reumatólogos proporcionan al paciente la educación necesaria para entender todas las fases de la enfermedad y les ofrecen una atención integral que va más allá del control de los síntomas teniendo en cuenta los efectos biopsicosociales de la enfermedad».

En cuanto al tratamiento de la artritis reumatoide, ambos expertos están de acuerdo en que el tratamiento combinado con distintos fármacos y las terapias biológicas han marcado todo un hito en los últimos años. «Por primera vez, las nuevas estrategias terapéuticas nos permiten aliviar el dolor, la rigidez y la inflamación. Además, somos capaces en cierta forma de alterar la progresión de la enfermedad, ya bien deteniéndola o enlenteciéndola», explica Navarro.