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MADRID, 9 (EUROPA PRESS)

Los alrededores de los centros escolares no siempre son lugares seguros para los niños que caminan por ellos, según la conclusión a la que ha llegado el Instituto de Seguridad Vial de la Fundación Mapfre, tras la realización de varias auditorías de seguridad vial en varios colegios de toda España.

Los principales obstáculos que encuentran los escolares en su camino al colegio son las aceras estrechas, los pasos de peatones alejados, los cruces con mala visibilidad y los aparcamientos escasos para vehículos y autobuses. Todos estas circunstancias aumentan el riesgo de sufrir un accidente y un atropello con escolares implicados.

Sin embargo, los riesgos no se limitan solo a los elementos arquitectónicos. La Fundación Mapfre advierte de que actualmente también existen alteraciones en el flujo normal del tráfico que causan problemas de movilidad en el entorno de los centros escolares. Así, ocurre con frecuencia que durante las horas de entrada y salida de los colegios se producen aglomeraciones en las calles cercanas debido a la gran afluencia de vehículos que transportan a los niños, lo que genera retenciones y atascos.

Para prevenir este tipo de situaciones, los expertos recomiendan que los centros escolares, en colaboración con los ayuntamientos, asociaciones de padres y de alumnos y policía local realicen auditorías que sirvan para comprobar las condiciones de seguridad vial que afecten al entorno escolar y para proponer las medidas más necesarias para reducir el riesgo y mejorar la circulación.

Así por ejemplo es aconsejable mejorar la señalización de la zona, especialmente para controlar la velocidad de los vehículos; revisar periódicamente el estado del pavimento y comprobar que se mantiene sin oquedades donde puedan formarse charcos; e instalar dispositivos que impidan el aparcamiento incorrecto y la invasión de la acera por camiones de reparto, así como por otros vehículos.

También es recomendable que los centros realicen campañas informativas para dar a conocer a los padres opciones alternativas al uso del vehículo privado y concienciarles acerca del estacionamiento ilegal que se produce y su repercusión en la seguridad vial; que se instalen señales de advertencia a los conductores sobre la presencia de escolares y señales luminosas en los pasos de peatones o que se garantice la visibilidad de los cruces.

Otras opciones que mejoran la seguridad en estos lugares es habilitar zonas de parada y espera en las proximidades de los colegios para los vehículos privados; mejorar la visibilidad de los pasos de peatones y la zona de espera en la acera del colegio; y realizar cursos de seguridad vial en los colegios de manera permanente.

Los especialistas coinciden en que la formación en educación vial debe empezar a impartirse desde los tres años, ya que hasta los siete los niños son muy receptivos. A partir de esa edad hasta los 12 años comienza un periodo de afianzamiento, refuerzo de conceptos y puesta en práctica de los mismos.