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MADRID, 4 (EUROPA PRESS)

Las intervenciones de aumento de pecho han aumentado un 40 por ciento en los primeros meses de este año, confirmando la tendencia ascendente experimentada a largo de 2010, cuando la demanda de mamoplastias repuntó un 30 por ciento, a pesar de la crisis económica.

Así lo ha explicado, en una entrevista a Europa Press, el director médico de Clínica Londres, Agustín Ramos, que apunta que marzo y abril son los meses en los que más operaciones de este tipo se realizan, ya que el clima de la época «es el más propicio».

«La temperatura, ni fría ni demasiado calurosa, resulta idónea para los días de postoperatorio», comenta el especialista. «Además», prosigue, «es una fecha estupenda ya que la paciente estará plenamente recuperada antes de la temporada estival».

Según puntualiza Ramos, esta demanda se intensifica en las grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao y Sevilla, donde los responsables de los 13 centros que Clínica Londres tiene repartidos por toda la geografía española han denotado un mayor incremento en el número de solicitudes.

En opinión del experto, la evolución que ha sufrido esta intervención con el tiempo ha fomentado que las mujeres que desean aumentar o remodelar su pecho pierdan el miedo al quirófano. «Nosotros hacemos el procedimiento en régimen ambulatorio, sin hospitalización, y las pacientes reciben el alta el mismo día de la intervención, lo que facilita las cosas», cuenta.

«El tiempo que dura la operación es bastante corto, alrededor de una hora y, generalmente, a las tres o cuatro horas las pacientes pueden irse a sus casas», explica. Según señala, el miedo que tenían antes se está perdiendo «gracias a las condiciones de seguridad y a los protocolos quirúrgicos que se siguen».

«Cuando la paciente viene por primera vez a nuestra clínica le ve un médico que le hace una valoración exhaustiva teniendo en cuenta las perspectivas que se tenga en el procedimiento. Además, antes de la intervención, llevamos a cabo las pruebas de rutina preoperatorias y las de anestesia», añade.

Según detalla, el postoperatorio es sencillo, «generalmente no se necesitan curas, aunque varía en función de la técnica que se siga». «Aunque existen varias, la más frecuente es la perialeolar (el implante se introduce alrededor del borde inferior de la areola)», afirma Ramos.

Posteriormente, el implante puede ser colocado retropectoralmente (detrás del músculo pectoral) o prepectoralmente (delante del músculo pectoral). «Lo más común es que las pacientes sientan molestias durante los dos primeros días. Además, les recomendamos no coger peso ni separar los brazos o levantarlos por encima de los hombros en un breve tiempo». «No obstante», asegura, «a partir del quinto día pueden reincorporarse plenamente a su rutina diaria y a la vida laboral».

Los implantes más utilizados, hoy en día, son los de gel de silicona cohesivo que, a diferencia de los que se utilizaban antes, evitan que la sustancia se salga en caso de rotura de la prótesis. «Antes estaban rellenas de un componente líquido que se podía salir, pero ahora, al ser cohesivo, como una gominola, elimina ese riesgo».

CRECE LA DEMANDA ENTRE LAS JÓVENES ENTRE 18 Y 22 AÑOS

En cuanto al perfil de las demandantes, el doctor explica que, en general, existen dos tipos de pacientes, las mujeres jóvenes, entre 18 y 22 años, que acuden acompañadas por sus padres que son quienes financian la operación, y un segundo perfil, entre los 25 y los 45 años, mujeres independientes que se lo financian ellas mismas.

«Dentro de este último grupo, existe un grupo de pacientes, entre los 42 y los 48 años, que quieren darse una segunda oportunidad para sentirse mejor consigo mismas y que ahora, por su situación económica y familiar, se lo pueden permitir».

MENOS DEL 1% SUFREN ROTURAS

En todos los casos el grado de satisfacción es «muy alto», ya que, tal y como asegura el experto, se trata de una intervención «muy agradecida» que ofrece «resultados inmediatos» y que permite una rápida recuperación y reincorporación a la vida laboral.

Respecto a los riesgos existentes, Ramos reconoce que pueden existir, «como en cualquier intervención que precise de cirugía» pero, en las condiciones adecuadas y siguiendo las medidas de seguridad necesarias, no tiene por qué presentarlos. «También es mínimo el riesgo de que se rompa la prótesis, por debajo del 1 por ciento», concluye.