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SEVILLA, 28 (EUROPA PRESS)

Los miedos de los padres y, en ocasiones, el de los propios pediatras a vacunar a niños que sufren enfermedades crónicas, como por ejemplo de tipo endocrino, renal, cutánea o hepático, se encuentran entre los factores que contribuyen a la «infravacunación» de estos pacientes pediátricos crónicos, según sostiene el especialista David Moreno, vocal del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP) y miembro de la Unidad de Infectología e Inmunodeficiencias del Servicio de Pediatría del Hospital Materno-Infantil Carlos Haya de Málaga.

En el marco de unas jornadas sobre vacunas que la EAP ha organizado recientemente en Sevilla, este especialista ha sostenido en su ponencia «Vacunación en niños con enfermedades crónicas», que recoge Europa Press, que «habitualmente» estos miedos, «así como el descuido y otros factores» contribuyen a la escasa vacunación en este tipo de pacientes crónicos.

Pese a ello, ha recordado que la «mayoría» de los pacientes con enfermedades crónicas, entre las que cita dolencia cardíacas, neurológicas, endocrinológicas, genéticas, renales, cutáneas y hepáticas, «precisan una adaptación específica de las inmunizaciones existentes».

De hecho, ha reseñado que algunos de ellos pueden incluso encontrarse inmunodeprimidos, «tanto por la propia enfermedad como por inmunosupresores».

Ha proseguido que el padecimiento de cualquier enfermedad inmunoprevenible puede «desestabilizar» al paciente con enfermedad crónica, «incluso de forma grave y letal de forma más frecuente que en las personas sanas», de ahí, ha insistido, «la importancia especial de asegurar de la forma más completa posible las imnunizaciones previstas para ellos».

No obstante, ha admitido que conseguir este objetivo «es muy difícil en numerosas ocasiones», entre otras cosas porque las reagudizaciones y los episodios intercurrentes «pueden entorpecer algunas dosis y retrasar las pautas recomendadas», de ahí que sea «muy importante aprovechar los momentos de estabilidad clínica para actualizarlas».

Ha explicado que la mayoría de estos pacientes, «si no están inmunodeprimidos», pueden recibir todas las vacunas oficiales del calendario de su comunidad, toda vez que ha recomendado que estén adecuadamente inmunizados con la siguientes vacunas: «antineumocócica, conjugada y no conjugada; antigripal anual; frente a varicela, con dos dosis; rotavirus, si no existe ninguna malformación digestiva que pueda predisponer a invaginación; hepatitis A en caso de hepatopatía o toma de fármacos con potencial hepatotóxico».

Del mismo modo, ha lamentado que a pesar de que estos pacientes crónicos «tienen normalmente todas estas vacunas no sistemáticas aseguradas de forma gratuita, es muy difícil conseguir adecuadas coberturas vacunales, siendo uno de los caballos de batalla habituales de la vacunología».

Así, y a modo de ejemplo, se ha referido al caso de Madrid, «en el que la cobertura antigripal en la epidemia 2009-2010 en niños con enfermedades pulmonares crónicas fue del 27 por ciento, adquiriendo los peores datos precisamente en niños con enfermedades pulmonares crónicas (15%)».

Finalmente, ha abogado por que se «considere siempre la optimización de la vacunación en convivientes de enfermos crónicos, tanto de las incluidas en el calendario oficial como otros no sistémicas como gripe y varicela».