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MADRID, 25 (EUROPA PRESS)

La “operación biquini” puede ser, en opinión de la nutricionista de la Asociación Española de Dietistas y Nutricionistas (AEDN), María Sanabdón, una “buena excusa” para preocuparse por la salud alimenticia y un “buen motivo para comenzar a introducir ciertos cambios en los hábitos alimenticios”.

Sin embargo, y como añade la nutricionista de la Federación Española de Nutrición (FEN), Enma Ruiz, para cumplir con las exigencias de este fenómeno social “mucha gente opta por las conocidas como “dietas milagro””, que pueden tener “repercusiones negativas” sobre la salud de la persona que las sigue.

En este sentido, Sanabdón advierte de que, con este tipo de dietas, “se pierde masa muscular” y si el tiempo de seguimiento es prolongado “se puede llegar a perder masa de la estructura de los órganos vitales”, e incluso “masa del hueso”, que puede desencadenar en un proceso de osteoporosis o, también, pueden provocar problemas cardiovasculares “derivados de las bajadas bruscas de tensión”.

No obstante su éxito a nivel de pérdida de peso es real. Con estas dietas se logra perder peso, pero “a costa de la salud”. “Funcionan porque se basan más en cuantificar la ingesta de energía sin tener en cuenta los nutrientes”, añade Ruiz en declaraciones a Europa Press.

De hecho, un documento público de la AEDN define las dietas milagro como aquellas que prometen resultados rápidos, mágicos, basadas en la prohibición de un grupo de alimentos. Esta exclusión de algún tipo de alimento es para la nutricionista de la AEDN una contradicción con la definición de dieta equilibrada, que tiene en cuenta las bondades de todos los nutrientes.

En este sentido, y como específica la nutricionista y directora de proyectos de la FEN, en una dieta equilibrada la energía proviene, en líneas generales, “en un 15 por ciento de proteínas, entre un 30 y 35 por ciento de lípidos y entre un 50 y 60 por ciento de hidratos de carbono”.

Por tanto, eliminar los hidratos de carbono como propone el método Dukan, que es una de las últimas tendencias de estas “fraudulentas” formas de adelgazar, “es un clavo ardiendo para la sociedad que, a largo plazo, tendrá graves repercusiones sobre la salud”, advierte Sanabdón.

PROVOCAN UN INCREMENTO DE LA MORTALIDAD TOTAL

“Un seguimiento de la alimentación de 22.944 personas adultas durante 10 años mostró que el consumo prolongado de dietas pobres en carbohidratos y ricas en proteínas se asocia con un incremento en la mortalidad total”, detalla en un documento, al que ha tenido acceso Europa Press, el grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas y Nutricionistas.

“Por último -prosiguen los autores del citado documento- la alta ingesta de proteínas ha sido asociada a enfermedades crónicas como osteoporosis, cálculos renales, insuficiencia renal, cáncer, enfermedad cardiovascular y obesidad”.

Este tipo de dietas carecen, en general, de “fundamento científico” y suponen también un “riesgo psicológico”, ya que, muchas veces, “están detrás de alteraciones de la conducta alimentaria como la bulimia o la anorexia”, alerta Sanabdón.

“No se debe perder más de entre medio a un kilo a la semana porque si, esto es así, se está perdiendo agua, glucógeno, músculo, pero no se pierde grasa que es lo que se tiene que perder. Además, una vez abandonada la dieta, el peso se recupera enseguida”, sentencia Ruiz.

Por ello, ambas especialistas animan a todas las personas que quieran ponerse a dieta, motivadas o no por la llamada “operación biquini”, a que consulten con un especialista en nutrición. La eficacia de este propósito depende como explica Sanabdón de dos factores: el diseño de una dieta hipocalórica, en la que se ingiera menos energía de la que gasta nuestro cuerpo, y de la adhesión a la misma.

Para lograr la adhesión, esta especialista asegura que, en primer lugar, es importante que la persona esté convencida y, en segundo lugar, es clave la labor del nutricionista a la hora de “adaptar” la dieta a las posibilidades de cada persona.

“Se debe analizar bien las preferencias y prioridades de la persona para conocer los alimentos sin los que esta persona no puede vivir. Una dieta no puede limitar tanto, ya que es más positivo hacerlo al 50 por ciento y que sea sostenible en el tiempo”, asegura la nutricionista de la AEDN.

“No hay -prosigue la especialista- que sentirse a dieta, ni es necesaria una restricción dietética excesiva, sino, muchas veces basta con reordenar el consumo de los alimentos, su combinación o su forma de cocinarlos”.

Además, ponerse a dieta es también y sobre todo “cambiar los hábitos que nos han conducido a engordar”. En ellos se incluye tanto optar por adecuada alimentación como fomentar el ejercicio físico. “A largo plazo, una dieta equilibrada y evitar el sedentarismo nos añaden salud y mantienen nuestro peso”, concluye Sanabdón.