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MADRID, 09 (EUROPA PRESS)

Prolongar la alimentación con biberón del bebé podría elevar su riesgo de obesidad. Así lo apunta un estudio realizado por investigadores del Center for Obesity Research and Education en la Temple University y el Ohio State University College of Public Health. Sus resultados, que se publicarán próximamente en «Journal of Pediatrics», sugieren así un nuevo método para prevenir la obesidad.

Para realizar esta investigación, Robert Whitaker y Rachel Gooze, de la Temple University, y Sarah Anderson, del Ohio State University College of Public Health, analizaron los datos de unos 6.750 niños incluidos en el «Early Childhood Longitudinal Study», un gran estudio nacional sobre los niños nacidos en 2001. El objetivo era observar si el uso de biberones a los 24 meses de edad guardaba alguna relación con el riesgo de obesidad que presenta en niño a los 5,5 años de edad.

De los menores analizados, el 22 por ciento recibió biberones durante un tiempo prolongado, lo que significa, a los dos años de edad, seguían utilizando el biberón como su contenedor principal de comida o se tomaban un biberón con alto contenido calórico antes de irse a dormir. Cerca del 23 por ciento de los niños que tomaron biberón demasiado tiempo presentaban problemas de obesidad a los 5,5 años de edad.

Según Whitaker, «los niños que todavía tomaban biberones a los 24 meses de edad eran, aproximadamente, un 30 por ciento más propensos a ser obesos a los 5,5 años de edad, incluso después de tomar en cuenta otros factores, como el peso de la madre, el peso del niño al nacer y las prácticas nutricionales en la infancia».

Así, beber biberones después de la infancia puede contribuir a la obesidad, animando a los niños a consumir demasiadas calorías. Según Gooze, «una niña de 24 meses de edad con peso y altura medios que se toma antes de ir a la cama un biberón de leche entera podría recibir cerca del 12 por ciento de las calorías que necesita a diario de ese biberón».

A su juicio, retirar el biberón al niño cuando tiene un año no le provoca ningún daño y podría prevenir la obesidad. Los autores sugieren que los pediatras y otros profesionales de la salud deberían trabajar con los padres para encontrar soluciones aceptables para frenar el uso de biberones después de que el bebé haya cumplido un año.