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SEVILLA, 17 (EUROPA PRESS)

Expertos reunidos este martes en Sevilla, en el marco de la «Semana Internacional del Tiroides» que está promoviendo la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), han recordado la conveniencia de que se implementen en la alimentación la cantidad necesaria de yodo para prevenir el hipotiroidismo, un elemento que se encuentra en la sal yodada, la leche o el pescado marino.

Según los especialistas de la SEEN, si no se trata a tiempo este trastorno puede causar reducción de la fertilidad y mayor riesgo de enfermedades del corazón. Además, han recordado que en embarazadas aumenta el riesgo de abortos y de prematuridad, así como de que los hijos tengan una disminución en sus capacidades intelectuales

De hecho, han recordado que la deficiencia de yodo durante el embarazo puede tener consecuencias irreversibles para el desarrollo futuro tanto del feto, como del recién nacido.

Así, estudios recientes han demostrado que las alteraciones de la glándula del tiroides están relacionadas con una cierta subinfertilidad de algunas mujeres, es decir dificultad para llevar el embarazo a término.

«Andalucía ha sido tradicionalmente una zona endémica de bocio, un trastorno consistente en el aumento del tamaño de la glándula tiroides debido a una deficiencia en el consumo de yodo», ha asegurado al respecto el doctor Alfonso Gentil, miembro del Grupo de Trabajo de Deficiencia de Yodo y Disfunción Tiroidea de la SEEN, si bien ha destacado que la comunidad andaluza está poniendo los cimientos para que estos datos sean más esperanzadores en el futuro, de modo que es junto con Asturias, Galicia y Castilla León, una de las cuatro comunidades que haya regulado el consumo de sal yodada en los comedores escolares.

Para los expertos, las consecuencias que un infradiagnóstico de esta patología puede tener para la persona afectada pasan por alteraciones del desarrollo orgánico y psicológico durante el desarrollo fetal e infancia y, en la edad adulta, alteraciones de la memoria, apatía, aumento del colesterol, alteraciones del ritmo cardíaco o alteraciones del ritmo intestinal. Por ello, piden tener en cuenta estos aspectos si se valora que solo el 20 por ciento de las personas afectadas está diagnosticada.

YODO Y EMBARAZO

«Podemos afirmar que hay tres grandes grupos poblacionales de riesgo: los escolares, la mujer en edad fértil y las embarazas», prosigue el doctor Gentil, quien ha detallad que el hipotiroidismo durante el embarazo se produce en, aproximadamente, el 2,4 por ciento de las mujeres.

En general, esta afectación se asocia a anemia materna, abortos, desprendimiento de placenta o bajo peso al nacer, además de a una disminución del coeficiente intelectual de los hijos de madres con hipotiroidismo no tratado.

«En los primeros tres meses de vida, el embrión aún no dispone de una glándula tiroides o ésta no es suficientemente madura, por lo que precisa de la hormona tiroidea de la madre. El grado de las consecuencias de esta deficiencia de yodo vienen dadas en función del grado de carencia de esta sustancia», afirma por su parte la doctora Inés Velasco, del Servicio de Ginecología del Hospital General Básico de Riotinto (Huelva).

Lo ideal sería que las mujeres embarazadas revisen su tiroides al menos una vez al principio del embarazo. En el caso de una mujer embarazada que ya está recibiendo tratamiento por un trastorno tiroideo es aconsejable que revise su tiroides cada 6-8 semanas. «Esto garantizará que la glándula tiroides funcione de forma normal», indica la doctora Velasco.