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MADRID, 7 (EUROPA PRESS)

El trastorno bipolar es una enfermedad mental grave que afecta en Europa a unos 2,4 millones de personas que, en muchos casos, pueden tardar hasta ocho años en ser diagnosticados correctamente, lo que conlleva un retraso en el tratamiento correcto de la enfermedad y, por lo tanto, un peor pronóstico.

Así lo asegura la responsable del Programa de Trastorno Bipolar del Hospital Universitario La Paz de Madrid, Consuelo de Dios, que participa en el video “El trastorno bipolar: la enfermedad de las emociones”, editado por Bristol-Myers Squibb (BMS) y Otsuka Pharmaceuticals con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra el 10 de octubre.

Esta enfermedad se caracteriza por cambios drásticos en el humor, la energía y la capacidad funcional de los pacientes, ya que estos pasan desde la tristeza y la desesperanza en las fases depresivas a la euforia y la irritabilidad en las fases de manía, a menudo con periodos de humor normal entre ambas fases.

Aunque las primeras manifestaciones suelen aparecer entre los 15 y los 19 años, los expertos calculan que existe un lapso de hasta ocho años entre la aparición del primer episodio de alteración del humor y el diagnóstico de trastorno bipolar.

“La enfermedad bipolar en realidad no es fácil de diagnosticar, es una enfermedad compleja y con múltiples síntomas”, observa la doctora De Dios.

Esta experta en trastorno bipolar admite que a menudo sólo se observan los síntomas depresivos en los pacientes, por lo que reciben un diagnóstico de depresión unipolar. En otras ocasiones, se manifiestan primero los síntomas psicóticos y los pacientes son diagnosticados de esquizofrenia o de psicosis por consumo de drogas.

En ambos casos, la principal consecuencia es el retraso en el tratamiento correcto de la enfermedad y, por lo tanto, un peor pronóstico.

CÓMO EVITARLO

Para reducir el retraso en el diagnóstico del trastorno bipolar, la doctora De Dios apuesta por mejorar la información y la formación no sólo de los profesionales sanitarios, sino también de la sociedad en general.

Además, esta experta ha destacado el alto grado de incapacidad que causa esta dolencia ya que los pacientes “no se ven capaces de trabajar”. “Durante las fases de euforia pueden estar todo el tiempo haciendo cosas, empiezan varias tareas a la vez y no las terminan”, describe la doctora De Dios.

Esta hiperactividad se acompaña a menudo de menos ganas de dormir, verborrea y conductas que implican pérdida del sentido del riesgo, como conducir rápido o consumir drogas.

Por el contrario, en las fases depresivas, los pacientes pierden todo interés por las tareas cotidianas, llegando a descuidar incluso su higiene personal y su alimentación.

RECHAZO DE PARTE DE LA SOCIEDAD

Esto conlleva también un rechazo por parte de determinados sectores de la sociedad, que “no toleran de buen grado a estas personas y ellas hacen suyo este estigma, piensan que tienen coartada su libertad por tomar determinados medicamentos”, añade Francisco Piedra, psiquiatra de la Unidad de Media Estancia del Hospital Provincial de Toledo.

“Nuestro trabajo es hacerles ver lo contrario, que el tratamiento es esencial para la conquista de esa libertad que la enfermedad mental les está arrebatando”, explica este experto, recordando que una de las consecuencias del estigma que padecen las personas con trastorno bipolar es la pérdida de oportunidades laborales.

Muchos pacientes tienen que dejar de trabajar a causa de la enfermedad y, de hecho, se calcula que el trastorno bipolar provoca la pérdida de catorce años de vida laboral por cada afectado.