.

MADRID, 02 (EUROPA PRESS)

La inhalación de gas radón, una sustancia radiactiva presente en materiales utilizados habitualmente en la construcción, es la segunda causa mundial de muerte por cáncer de pulmón, por detrás del tabaco, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). La Fundación para la Salud Geoambiental advierte de que ventilar la casa abriendo las ventanas podría ser «insuficiente» para librarse de este gas.

El radón está presente en suelos graníticos, como los que hay en la sierra noroeste de la Comunidad de Madrid, y en materiales de decoración y construcción habituales en los hogares españoles, como basaltos o granitos, ciertos hormigones o tipos de gres y cerámica.

Se genera en el suelo por la desintegración de un isótopo del radio y puede penetrar en los edificios desde el terreno, la estructura de la construcción o los elementos del interior de la vivienda, como los suelos o las encimeras de cocina.

Este gas tiende a acumularse en las zonas menos ventiladas, como los sótanos, o a ras del suelo en las viviendas, pues pesa más que los gases de la atmósfera.

En esos casos, ventilar sólo a través de las ventanas puede ser «insuficiente», según la licenciada en Física Ruth Echeverría, coordinadora de Formación de la Fundación para la Salud Geoambiental.

«De hecho, en esas situaciones es muy importante garantizar una correcta y frecuente ventilación a ras de suelo. Lo ideal es instalar un sistema de ventilación específico, que requiere una pequeña obra», asevera.

Para verificar si existen valores elevados de gas radón en el interior de un inmueble, la Fundación para la Salud Geoambiental recomienda ir «más allá de las habituales mediciones con un contador Geiger» y utilizar instrumentos más precisos para la detección de este gas o de sus subproductos.

Algunos son de uso muy sencillo, como las cámaras iónicas con electretes, un pequeño recipiente que se sitúa en una estancia durante cerca de una semana y que se analiza posteriormente para comprobar la cantidad de radiactividad detectada.

Según la licenciada en Geología María José Vizcaíno, responsable de Proyectos de Investigación de la Fundación para la Salud Geoambiental, «además del terreno, hay fuentes de radiactividad natural que cualquiera puede tener en su cocina: una encimera de ciertos granitos puede contener trazas de elementos radiactivos que en altas concentraciones son muy peligrosos».

El Código Técnico de la Edificación, en su Documento Básico de Salubridad, establece que se deben eliminar los contaminantes que se produzcan de forma habitual durante el uso normal de los edificios, garantizando la extracción del aire viciado por los contaminantes, pero no tiene en cuenta las especiales características del gas radón.