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MADRID, 8 (Reuters/EP)

Las personas que han donado parte de su hígado para un trasplante pueden experimentar complicaciones físicas y psicológicas años después de la operación, según un estudio llevado a cabo por investigadores del Hospital Universitario Essen, en Alemania, y publicado en el «Annals of Surgery».

Casi la mitad de los 83 donantes de hígado que han participado en el estudio, de una edad media de 36 años, se quejaba por dolores, problemas digestivos o depresión tres o más años después de la operación (la media de los pacientes era de seis años), aunque todos afirmaron que repetirían la donación.

El 31 por ciento de los donantes se quejó de tener diarrea o intolerancia a los alimentos grasos y un 10 por ciento padecía reflujo gastroesofágico. Un menor número de donantes sintió incomodidad en la cicatriz o en las costillas.

Además, tres donantes registraron episodios de depresión severa, dos de ellos requirieron hospitalización, y un paciente tuvo un empeoramiento de psoriasis existente anteriormente.

Por otro lado, 39 pacientes no tuvieron síntomas. Sin embargo, tres hombres jóvenes y sanos afirmaron haber sido rechazados para comprar un seguro de vida por los pocos datos disponibles sobre los efectos a largo plazo en la donación de hígado en vida.

En este tipo de transplantes, los cirujanos eliminan un lóbulo del hígado del donante y lo implantan en el beneficiario. La parte restante del hígado del donante se regenera hasta llegar a su tamaño normal en un periodo de dos meses.

«Hay un riesgo de algunas dolencias a largo plazo, que pueden ser potencialmente controlables mediante la modificación de las pruebas diagnósticas, la mejora de las técnicas quirúrgicas y un seguimiento exhaustivo de los donantes en los centros de trasplante», ha dicho Georgios Sotiropoulos, autor del estudio y profesor en el Hospital Universitario Essen en Alemania.

Los cirujanos de trasplantes prefieren no poner a una persona sana en riesgo, pero no hay suficientes órganos disponibles para proporcionar hígados a todos los que lo necesitan. Además, los órganos de donantes vivos presentan algunas ventajas ya que, por ejemplo, la donación puede producir cuando más conviene al destinatario.

Los resultados de este estudio coinciden con estudios anteriores, según ha informado Jean Emond, vicepresidente del Departamento de Cirugía y director del centro de trasplantes del Hospital de New York Presbyterian/Columbia, en Nueva York.

«Creo que las conclusiones son cautelosas y razonables. Tenemos que estar muy atentos a estas personas», ha dicho Emond, quien ha subrayado, asimismo, la necesidad de un apoyo psicológico antes y después del procedimiento.

En Estados Unidos se han realizado unas 4.500 donaciones de hígado por donantes vivos desde la primera operación de este tipo en 1989, según la base de datos de trasplantes nacionales. Emond, que asistió al primer trasplante, ha señalado que el riesgo de muertes tras la donación de una gran parte de hígado es de una entre 1.000 posibilidades.