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Desde que se acabaron los tiempos de vacas gordas, en España hemos tenido que cambiar la mentalidad para seguir haciendo lo mismo con menos. Es verdad que fueron unos años espectaculares y se podía viajar al extranjero, comprar consolas a pares o pares de zapatos de cien euros como cosa cotidiana pero ahora parece que vamos asumiendo con más normalidad que todo eso pertenece al pasado.

Ha costado unos años: al principio se decía que no había crisis y al poco ya estaban viendo brotes verdes. Después todo se convirtió en la crisis y de un tiempo a esta parte ya apenas se oye esa palabra y todo el mundo se centra en conseguir mejoras en su calidad de vida, en buscar trabajo o en montar un pequeño negocio para ir tirando (ya sin pelotazos, claro). Parece como si la crisis ya hubiese pasado y la hubiésemos convertido en una catarsis, un cambio radical en el que nos acostumbramos a apañarnos con menos y a seguir hacia adelante.

Las cifras macroeconómicas siguen sin ser buenas: los seis millones de parados pesan como una losa y aunque estén muy contentos en el Fondo Monetario Internacional con el progreso de la banca española, la realidad a pie de calle es que nos hemos resignado a un nuevo status mucho menos lujoso.

Sin embargo, por aquello de que el hambre aguza el ingenio, han cobrado fuerza nuevas alternativas que no habían recibido mucha atención en tiempos de bonanza.

Tienda de ropa

Los cupones de descuento

Recuerdo de mi infancia (en los años 70) que mis hermanas y mi madre juntaban una especie de cupones en cartillas para ir consiguiendo regalos que normalmente eran utensilios de cocina. Después, durante mucho tiempo, los cupones desaparecieron prácticamente y quedaron limitados a promociones que se buzoneaban o a cartillas con las que conseguir descuentos con los periódicos. El fenómeno, sin embargo sí que se ha mantenido en otros muchos países. No se trata ya de los ingleses, que son tacaños por naturaleza y si se ahorran un penique en un dentífrico van andando de rodillas a la tienda; es que hay una cantidad considerable cupones de descuento en Colombia, por ejemplo, un país con alegría de vivir (y de gastar) y en España es una manera de comprar que gana adeptos constantemente.

Los cupones de descuento, definitivamente, están de vuelta aunque ahora la vía de comercialización sea Internet y en algunos casos se llamen ofertas o descuentos.

El consumo colaborativo

Viajar de Madrid a Valencia puede ser una experiencia totalmente distinta si se elige el transporte público o el coche compartido. Existen varios sitios web que ponen en contacto a conductores que viajan solos en un trayecto con personas que tienen que hacer el viaje en esas mismas fechas y que, pagando su parte de la gasolina, se ahorran un pico en el desplazamiento y, muy importante, tienen una experiencia vital compartiendo viaje durante cuatro o cinco horas con personas desconocidas pero que deciden tomar la misma opción.

Unirse entre unos cuantos cientos de cooperativistas y formar una comercializadora de electricidad o simplemente comprar de manera conjunta para conseguir un buen precio de un productor es una manera ahorrar entre un 10 y un 15% de la factura de la luz, lo que viene a ser entre noventa y ciento treinta y cinco euros anuales para una familia media española.

El consumo colaborativo siempre ha existido pero ahora Internet facilita inmensamente la tarea de poner en común a personas con los mismos intereses.

El comercio de bienes usados

Ahora resulta que muchos de los bienes que se compraron durante los años de bonanza se han convertido en superfluos. Muchos “cines en casa” , estaciones de planchado, juegos de mesa o ropa de safari ya no tienen utilidad.

Mercado de segunda mano siempre ha habido pero nunca como en estos años los vendedores se han visto en la necesidad de sacar al mercado sus productos rebajando, si es necesario (que casi siempre lo es), el precio de su mercancía. En estos años han florecido por todas las ciudades de España las tiendas de compra y venta de artículos de segunda mano. Eso sólo ha reforzado el negocio que ya existía en Internet y que ha crecido considerablemente.

 

Todas estas opciones (y seguramente algunas más) no hacen más que confirmar que el cambio se ha producido y parece que está aquí para quedarse. Igual es hasta bueno para que aprendamos a valorar lo que tenemos y lo que cuesta conseguir algunas cosas que nos parecieron totalmente normales pero que resultaron ser innecesarias.