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El sabor de un buen vino depende tanto de su cuidadosa elaboración como de la forma en que se sirve. Una correcta preparación le asegurará que usted y sus invitados puedan disfrutar plenamente de las características de ese vino que ha reservado para cierta ocasión muy especial.

Temperaturas

El sabor de los vinos, tanto blancos como tintos, se desvanece si están demasiado templados. Es aconsejable refrescar los vinos rojos en la nevera veinte minutos antes de servirlos. Los blancos, en términos generales, deben servirse fríos (por lo tanto puede guardarlos en la nevera con mucha anticipación).

Los vinos blancos con más sabor y cuerpo se pueden servir a una temperatura algo mayor que los muy secos. El mercado ofrece una variedad de refrigeradores especiales para controlar la temperatura de sus vinos favoritos. Si tiene sitio en casa, no dude en comprar uno. Le permitirán disfrutar más de la degustación. Verifique que el aparato incluya algún tipo de barrera para separar los compartimientos del vino blanco y del tinto. Si usted simplemente coloca los tintos en la parte superior con la esperanza de que allí el aire esté menos frío, correrá el riesgo de que los tintos estén demasiado fríos y los blancos demasiado calientes. Los mejores refrigeradores para vinos tienen controles separados para ambos tipos.

Escoja las copas.

Los entendidos aconsejan respetar el carácter del vino sirviéndolo en una copa con forma de tulipán, con un pie largo y fino. Se recomienda que las copas sean de cristal transparente (no coloreado), para apreciar mejor el color y el cuerpo del vino mientras se lo sirve y se lo saborea. Sin embargo, para escoger las copas sabiamente, le sugiero que encuentre un equilibrio entre el respeto por el vino y el respeto por la ocasión.

Las culturas del mundo se entremezclan y los chefs más famosos nos inspiran con su cocina innovadora de estilo “fusión”: cada vez más tipos de comidas se pueden combinar con más tipos de vinos. Hoy es frecuente presentar un gran Grenache Australiano con una barbacoa, o un alegre champagne para acompañar pescado con patatas. Existen más estilos de copas para vino que nunca, así que no tema escoger unas copas informales si la ocasión lo permite. Jarras para las barbacoas, vasos prismáticos para la comida asiática y copas estilo Dixie para los pic-nics son opciones perfectamente aceptables.

Cualquiera sea el tipo de copa que escoja, tenga en mente que debe dejar bastante espacio para el vino: es mejor llenar la copa sólo hasta la mitad, para permitir que los aromas salgan libremente.

Si utiliza vasos o copas de cristal, tenga precaución con el jabón que usa para lavarlos y dónde los guarda. Los restos de detergente pueden influir negativamente en el sabor y el aroma del vino. Si es posible, lave sus copas con agua caliente y sin jabón, y déjelas secar al aire. Guárdelas boca arriba, así los olores de la alacena no quedan impregnados en la copa.

Decantación

Existen varias razones para dejar decantar el vino. Una de ellas es la diversión, que también le confiere “estilo” a cualquier evento social. También ayuda a separar los sedimentos del vino, especialmente de los más añejos, y ayuda a que los vinos respiren. Ésto permite que los aromas interactúen con el oxígeno del aire y se hagan más notables.

Escoja un decantador que vaya con su estilo. Igual que las copas, los decantadores se consiguen en distintas formas y medidas; los hay lisos y bellamente decorados. Yo encuentro el proceso de la decantación muy entretenido para reuniones familiares, y por éso considero que los decantadores lisos y sencillos permiten concentrarnos en el proceso más que en la moda. Para ocasiones más formales, opto por dejar la botella sobre la mesa.

Respiración

La respiración del vino significa dejarlo entrar en contacto con el oxígeno del aire. Para algunos vinos, ésto hace que los aromas y sabores salgan a la superficie. Tenga en cuenta que demasiado oxígeno puede opacar el sabor. Una hora de respiración, más o menos, operará maravillas en el sabor y el aroma de sus vinos.

Hay varios mitos acerca del proceso de respiración del vino que debemos aclarar. El primero es que el vino se beneficia con la respiración: ésto es falso. Algunos tintos, particularmente los grandes Burdeos, los buenos Syrah o Shiraz y los Barolos italianos se benefician mucho si se les da un tiempo adecuado para “abrirse”. Pero salvo esos pocos, en general los vinos se pueden beber inmediatamente después de abrirlos, y los vinos blancos en especial no se benefician en nada si se les da tiempo para respirar.

El segundo mito es que el vino puede respirar en su botella. El quitar el corcho simplemente no basta para dejar que el vino respire, ya que muy poca cantidad entra en contacto con el aire de este modo. Permita que el vino respire en un decantador o en la copa.

Cómo guardar los sobrantes

Hay tres métodos principales para guardar el vino sobrante. El primero es sencillamente volver a tapar la botella con el corcho y colocarla en la nevera. Si es posible, vierta el vino que ha quedado dentro de una botella pequeña, ya que cuanto más vacía esté la botella, más riesgos corre el vino de oxigenarse. Recuerde que el vino blanco sobrante puede durar en buenas condiciones hasta una semana, mientras que el tinto, si lo ha vuelto a guardar en la botella tapada con su corcho, resistirá dos o tres días como máximo.

El segundo método es guardar el vino al vacío usando una bomba de vacío especial. Ésta quita todo el aire de la botella y la sella hasta nuevo uso. Debe colocar las botellas en la nevera de todos modos, pero el vino así conservado puede durar varios días.

El último método es una variación del segundo. Consiste en llenar el espacio vacío de la botella con un gas especial que impide al oxígeno interactuar con el vino. Estos tubos de gas son fáciles de usar y están en venta en la mayoría de las bodegas.