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Si buscas un buen vino francés y una buena comida considera la región de Languyedoc-Roussillon, al sur de Francia. Puedes encontrar gangas y espero que te diviertas con este artítulo sobre cultura vinícola en el que haremos una reseña sobre un blanco local, el Viognier.

Se encuentra entre las once regiones vinícolas de Languedoc-Roussillon en Francia y es la cuarta en cuanto a hectáreas de cultivo de uva. Este área, que incluye el canal del Midi, era conocida por producir grandes cantidades de vino de baja calidad llamado en francés ‘vin ordinaire’. Pasó el tiempo y en parte por los productores de vino australianos, eta región produce un creciente número de buenos vino. A diferencia de otras regiones de Francia muchos Languedoc-Roussillon, como el que veremos a continuación, identifican en su etiqueta la variedad de la uva.

No pienses que es una región uniforme. Por ejemplo Languedoc es más llana y Roussillon tiende a tener más colinas. Es más, muchas zonas tienen su propia combinación de microclima y suelo que les permiten tener su propia denominación de origen para los vinos, lo que los hace normalmente más caros.

Tarde o temprano buscaremos alguno de estos vinos. Hay casi 50 denominaciones de oriogen en Languedoc-Roussillon, abarcando todas las variedades, tinto, blanco, rosado, espumoso y dulce. Esta diversidad no resulta sorprendente, la región es cuna de más de 30 variedades de uva.

Hace unos cuarenta años la uva Viognier casi llegó a extinguirse. En aquella época apenas había 35 acres en Francia. Los tiempos han cambiado y esta uva se cultiva ahora en California, Italia, Australia, Chile y Canadá. Los tradicionales vinos Viognier provienen del este de Francia, en el valle de Rhone, aunque aún no los hayamos hecho una crítica probablemente debido a su poca disponibilidad y su elevado precio.

Por supuesto la región de Languedoc-Roussillon tiene muchos lugares que visitar. Nos centraremos en la ciudad de Carcassone. Esta localidad se ubica en una colina, en la ruta que va del océano Atlántico al mar Mediterráneo. Y no esta lejos de la frontera con España. Es una pequeña maravilla que nos devuelve a unos dos mil años atrás.

Antes de pasar revista a los vinos Languedoc-Rousillon y los quesos importados que afortunadamente adquirimos en una tienda local de vinos y en un almacén de comida italiana haremos unas sugerencias sobre qué comer con los vinos autóctonos cuando esteis de turismo por la zona. Comenzas con las ostras de Bouzigues y de segundo Bourride (pescado con una ali oli local), y de postre deleitate con una crema Colane (una crema con limon, vainilla y eneldo)

Nuestra reseña de vinos

Todos los vinos que hemos probado y criticado han sido adquiridos a precios de venta al público.

Salices Viognier de 2005: 13% – alrededor de 15 euros

Durante los últimos diez años la uva Viognier ha tenido mucho éxito en los viñedos de Languedoc-Roussillon. Una vez limitado a los viñedos del norte de Rhone, hoy Viognier no es tan próspera en el Midi, como en otras regiones con climas más cálidos alrededor del mundo. Disfruta este afrutado, ligeramente ácido, aromatizado asombrosamente con mariscos especiados, pechuga de pavo o salmón a la plancha.

Mi primera comida consistiónen pocho al horno con la piel y embadurnado con una mezcla de ajo, cebolla y comino, con arroz y judias verdes. Probé manzanas, peras y un toque floral en este vino. Me gustó la acidez y la forma en que corta el sabor graso de la piel de pollo. El vino era un buen acompañamiento para la piña fresca.

La siguiente comida fue una tortilla con champiñones, cebolla roja y queso. El Viognier era moderadamente ácido y un punto dulce con sabor ligero a frutas. Hay una regla de maridaje y es que te asegures de que el vino es más dulce que el postre. Rompí la regla con una tarta de queso casera que simplemente le restó presencia al vino. Por otra parte el vino maridaba estupendamente con un pastel casero de chocolate que no era tan dulce.

Mi última comida fue a base de queso, un Palet de Chevre, de la región de Poitou charentes, al oeste de Francia. Este queso parecía y sabía más como un Camembert que como un queso de cabra que era. Pero el vino era un poco afrutado y muy agradable de tomar con el queso. Mi sigueinte queso fue uno suizo, de gruyere, con un sabor a nueces. Previamente el vino era afrutado y un poco ácido. Justo antes de probar el vino y el queso fui al supermercado. En el lineal de los quesos había un Asiago, un queso local originario del norte de Italia. Normalmente no tomo quesos locales con estos vinos, pero la combinación fue buena.

El veredicto final es que me gusta este vino e intentaré comprarlo otra vez, incluso con más motivo debido a su relativamente bajo precio. Te diré un secreto, este es el primer Viognier que me gusta tanto.