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El acabado faux es una forma de denominar a una terminación, una apariencia, de pintura, por ejemplo, la de una pared con un  aspecto descuidado. Calculádamente descuido, podemos decir. Un acabado faux no encierra ningún misterio, ninguna complicación, ni para un profesional de la pintura que le ayude a redecorar alguna de sus estancias con otro  tono; ni siquiera para usted, si es un ‘manitas’.

Faux es una palabra francesa que lo dice todo de esta técnica. Faux significa falso y de eso se trata de falsificar la imagen perfecta de una pared recién pintada a cambio de una interpretación de falso desmadejado, de equívocos ajados que, bien representados, dan una muy buena imagen.

El acabado faux no es otra cosa que superponer manchas de pintura esparcidas, no con un rodillo, no con una clásica brocha, sino de una manera calculádamente tosca, con la ayuda de una esponja, que puede ser sintética y  ofrecer tramados diferente. Ese juego diferenciado de sus cavidades o la aplicación de mayor o menor cantidad de pintura a esparcir, es la esencia de la tarea faux. Es parte de la creatividad del trabajo de un acabado faux.

Con un acabado faux conseguiremos varios objetivos para una decoración original. Por un lado, daremos una  textura diferente a una superficie lisa y en dos dimensiones. Por otro, conseguiremos crear cierta profundidad,  en una especie de trampantojo simple. Y, por último, obtendremos un acabado diferenciado, si sólo pintamos  una parte de la superficie de las paredes de una habitación.

El efecto que se busca con un acabado faux es el que reconocemos en una pared vieja, que no ha sido pintada  en años, una fórmula de decoración que está muy de moda con la introducción de aspectos, elementos y  fórmulas de ambientación de la que los estilos vintage representan probablemente los discursos estéticos ahora más populares.

El acabado faux es una vuelta a las tradiciones, al pasado, en una ambientación marcada por esa clave en su  totalidad, o como elemento llamativo, para destacar por contraste. En ese caso, hablaremos de una disociación  entre la decoración general y la que devuelve el acabado faux de las paredes. Una relación original.

Así, ¿qué colores aplicar con un acabado faux? Si de lo que se trata es de recuperar la estética antigua, pruebe  con los tonos tradicionales. Si se trata de una casa antigua, utilice una espátula para descubrir las capas de  pintura anteriores y actualizarlas con su nuevo acabado faux.

Si de lo que se trata es de pintar por primera vez, piense en lo que puede devolverle los colores. Recuerde que  amarillos y naranjas representan alegrías, que los azules están del lado de la estabilidad y la tranquilidad, que  los verdes son naturaleza por definición y que los colores oscuros hablarán de intimidad y seriedad.

Recuerde que también puede combinar dos colores afines con manchas bien distribuidas y estructuradas. En  eso tendrá que prestar mucha atención, porque la pintura debe verse como natural como lo haría una extensión  degradada de un muro tomado de lleno por el paso del tiempo.

Acabado faux, paredes vestidas de viejas que enamoran.