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Simplemente, sí.

La decoración, al igual que el vestido, han sido dos campos donde la irrupción del comercio electrónico ha encontrado ciertas reticencias porque han persistido viejos tópicos sobre el probar antes de comprar que han frenado las compras a la vez que los problemas en el envío de la mercancía han frenado a los posibles vendedores.

Todo eso ha cambiado radicalmente en la última época por varias razones añadidas al aumento del comercio electrónico en general:

  • los catálogos de las tiendas digitales desbordan ampliamente a los de las tiendas tradicionales; es normal ver personas navegando con sus tabletas a través de tiendas online de decoración pasando páginas y páginas de productos; después de ver doscientos sofás resulta descorazonador ver que en la mejor de las tiendas físicas hay diez tresillos en exposición y todo lo demás se elige en un catálogo en papel (con la presión del vendedor) y se descubre cuando lo entregan en casa
  • las tiendas online han tenido que mejorar notablemente por la competencia entre ellas y con las grandes multinacionales; si hace diez años se creían que con tener una foto de una silla y un «!Llámenos!» iba a ser bastante para vender miles de unidades, la realidad ha llevado a los comercios online a tener que ofrecer teléfonos y chats de asistencia, políticas de envío y devolución transparentes y, en definitiva, hacer fácil el proceso de compra
  • las redes de distribución han mejorado mucho y ahora no es raro que en una misma zona coincidan servicios de reparto de varias compañías de transporte, con lo que la competencia hace que los envíos sean más asequibles para los vendedores

Linio

Esta evolución, por otro lado, llega de forma natural porque, como un tsunami, la distribución a través de Internet avanza lenta pero avasalladoramente.

La inexistencia del espacio físico de la tienda, los vendedores, el mínimo stock necesario para operar permiten unos precios contenidos y si se compra aprovechando todas la oportunidades como, por ejemplo, este cupón Linio, se pueden obtener todos los artículos para la casa con un coste mucho menor.

Pero es que, analizando punto por punto:

  • «tocar antes de comprar» requiere tener conocimientos sobre lo que se va a comprar. De nada sirve pasar el dedo sobre una madera si no se sabe distinguir el cerezo del roble o la pita del algodón
  • probar durante cinco segundos un sofá o tumbarse un minuto en una cama no nos puede servir como base para comprar un mueble que nos va a durar durante años y que vamos a usar en muy largas sesiones; casi que es preferible escuchar a otros usuarios del producto cómo les fue a ellos y sacar conclusiones
  • a la hora de la verdad, el conjunto que nosotros queremos, con ese detallito extra o el color que más nos gusta, NUNCA está en la tienda y, del mismo modo que cuando se compra online, el unboxing es un momento excitante por la incertidumbre sobre el producto recibido
  • no es sólo la amplitud del catálogo que es, básicamente, una tienda online sino que las medidas y demás descripciones de los productos están mejor recogidas y sistematizadas que en las tiendas convencionales; la compra impulsiva de un perchero en una tienda se convierte en un quebradero de cabeza si su base es tres centímetros más ancha que el espacio que nos queda entre el sillón y la pared
  • con las normas de comercio electrónico vigentes hoy día, es más fácil devolver un producto comprado online que uno comprado en una tienda convencional

Es lógico que los productos tecnológicos fuesen los primeros en venderse en Internet porque eran la afición natural de los primeros usuarios de la red pero, una vez que se ha popularizado, cada vez son más los sectores en los que no es necesario pisar una tienda convencional.