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Es frecuente en muchas cocinas ver carros de cocina que ocupan lugares, por ejemplo, detrás de una puerta, donde no se han colocado muebles de cocina. Da la sensación de que es un suplemento para ganar espacio pero sus ruedas le «perdonan» no formar parte de la decoración original de la cocina.

No me estoy refiriendo en este artículo a los carritos con grandes ruedas, también conocidos como «camareras» y que con el tiempo se han ido transformando en elegantes repisas en las que colocar copas y bebidas para acercarlas hasta los invitados. Me refiero a unos carritos verticales con las ruedas pequeñas, normalmente giratorias y de plástico negro (para hacerse una idea, por ejemplo, estos de Cocina Home) . En estos carros-estantería, lo normal es ver patatas en los cestos inferiores y algunas bolsas de contenido indescifrable en los cajones intermedios mientras que la encimera, normalmente de rejilla, cristal o madera más o menos barnizada, suele recibir un cesto donde caen lo mismo una bolsa de madalenas que un cucharón que un paquete de tomate frito sin abrir.

Carrito de cocina

Sin embargo, su propio nombre indica que no nacieron para estar eternamente aparcados detrás de la puerta o en el hueco de una columna sino que se han creado para ser usados como un carro, una herramienta útil para transportar objetos desde la cocina: son carritos de cocina. Para eso están las ruedas.

El problema que se suele plantear es que al tener cajones o estanterías, adquieren rápidamente esa función de forma auxiliar al resto del mobiliario de cocina y no se aprovecha su movilidad. Veamos por qué.

El cajón del pan o la panera suelen estar en la mayoría de las cocinas «convencionales» muy a la vista. El cajón del pan y el de los cubiertos se reparten el primer y el segundo lugar de la fila de cajones que tiene toda cocina que se precie. Llevar el pan, todos los días a la mesa requiere, por tanto, abrir ese cajón y llevar en la mano la correspondiente barra de pan.

Del mismo modo, a la mesa se suelen llevar todos los días algunas cosas más como saleros o servilletas y cada una está en una parte de la cocina, con lo que hay que hacer un pequeño recorrido abriendo y cerrando puertas para recolectar todos esos accesorios.

Ahora ya está claro ¿por qué no colocar todos esos aditamentos en el carro de cocina y llevarlos de una vez hasta la mesa?

No se trata de volver al antiguo concepto de «camarera» (normalmente de dos pisos y que se conduce desde atrás) porque requiere, igualmente, recorrer todos los armarios y portezuelas de la cocina para ponerlos encima del aparato y llevarlos al salón, al comedor o donde quiera que se vaya a comer. De lo que se trata es de que todos estos útiles ya estén en el carrito de cocina. Uno de los dobles que aparecen en el sitio web de arriba permitirían llevar a la mesa el pan en un cajón y un surtido de cucharones, paletas y cuchillos suficiente para no tener que levantarse de la mesa o estar dando viajes tras el clásico grito de «¡Niñoooosss… a poner la mesa!»