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En el trabajo, pasamos la mayor parte de nuestras horas de vigilia, las más intensas para mucha gente. Por esa razón, el lugar de trabajo debe aportarnos algún valor que nos haga más llevadero el tiempo que permanecemos en él.

Nos referimos a valores como la tranquilidad, el sosiego, la comodidad, la buena iluminación que nos garanticen una buena salud, un perfecto desempeño de nuestras tareas laborales y un buen ánimo para sobrellevar de la mejor manera posible ese tiempo de producción.

Una buena forma de recuperar ese ambiente agradable puede venir de la decoración acertada, amable y práctica de una oficina. Los argumentos que vamos a proponer en estas líneas van en la dirección de convertir su espacio de trabajo en la oficina ideal. ¿Qué le parece la idea? Una perfecta oficina ideal debería alegrarnos la vista, miremos donde miremos. Hablamos, por ejemplo, de pintar las paredes, no de colores estridentes que nos hagan perder la compostura con excesos de color.

Nos referimos a tonos agradables, luminosos, suaves, si quiere, colores pasteles que hagan juego con el entorno y que sean puertas abiertas a nuestro relax visual.

Algo que también puede acomodar nuestro semblante es decorar esa oficina ideal con fotografías que tengan un significado para nosotros. Imágenes alegres, no tantas que nos saturen, pero sí algunas que, convenientemente rotadas, puedan siempre aportarnos sensaciones nuevas.

Además, un repertorio fotográfico como ese será una buena carta de presentación que dirá mucho de nuestro talante a los clientes que nos visiten. Marketing visual de primera mano, o algo así.

Y en esa línea de colocar imágenes en nuestra oficina ideal, qué le parece hacer de las paredes un espacio para las etiquetas de colores que nos han de recordar tareas. Los famosos ‘post it’.

Colores, alegría, utilidad y propuestas renovadas, si quiere, cada día. Algo que tampoco le obligará a hacer agujeros innecesarios, se trata de pegar y despegar, sólo de eso.

Una pizarra tampoco estaría mal para ilustrarnos sobre las tareas, para llenar con datos necesarios y visibles y para romper de algún modo la monotonía de las paredes.

También puede resultar útil un calendario que podamos comprar, de esos de grandes dimensiones que nos ayuden a visualizar los días que han de venir y, en su caso, las tareas que tenemos que realizar.

Calendarios perpetuos, modelos de números grandes que nos servirán para todos los meses y cuyas casillas podremos rellenar a nuestra voluntad según nuestras necesidades.

Y ahora, con estos consejos, manos a la obra. Cambiar el semblante de nuestra mirada en el centro de trabajo está más cerca de lo que parece. ¿No cree?