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¿Se puede decorar el ambiente familiar de una casa retrocediendo en el tiempo y no caer en el pastiche? Por supuesto que sí. La decoración retro está de moda. Pero la decoración retro, estudiada, con aplicaciones con gusto.

Y bueno, no hay porqué ser fieles, absolutamente fieles al estilo. Se pueden tomar algunos elementos de cualquier decoración retro y jugar con ellos. Hacer entrar aires de otro tiempo en un rincón de la casa, en un lugar especialmente dedicado o en el que cuadre sorprender visualmente y de la mejor manera. En un despacho, en el salón de la casa, por ejemplo.

¿Y qué tipo de decoración retro podría adecuarse con nuestros tiempos y que pueda resultar llamativa e interesante? Fíjese bien, vivimos tiempos de minimalismo, en los que los detalles han adquirido condición de subrayantes, tiempos en los que un elemento bien situado, bien caracterizado, en el lugar justo, se convierte en una propuesta distinguidora.

A veces son las cortinas, otras pueden ser las alfombras originales, otras puede ser un motivo de decoración que rompa con el tono visual de las estancias. No vale todo, pero las opciones son muchas.

Y para estos tiempos minimalistas y para una decoración vintage, que es como debemos denominarla si queremos estar a tono con las denominaciones de origen, nada mejor que el tipo de hechura y de compostura de interiores de los años cincuenta del siglo XX.

Una decoración sintética, simple, esquemática, utilitarista, práctica, muy visual, justa, a la altura de las necesidades del hombre. Que así fue como de se dejó ver la que creó huella en tiempos del mandato de Eisenhower y de la recuperación económica europea.

1950’s Kitchen

Una decoración años cincuenta que se basaba en la utilización de materiales industriales básicos, tal como los vemos hoy, pero sintéticos y compuestos. Es la época del plástico para todo, de las maderas vistas en su color natural, de las persianas metálicas, del poliéster, de las cortinas en esos materiales, de la época de la formica, de las formas geométricas en lámparas y hasta en llamadores de las puertas, clavijas eléctricas y de alfombras y sofás muy estructurados.

Una decoración de los años cincuenta que aupó colores simples, con pocas combinaciones, que no recuerdan tanto los de la naturaleza, como los de las creaciones industriales, los que se dejaron ver coches y fachadas de casas de unifamiliares y en los frontis de los bloques de viviendas. Sin las estridencias y las demasías que se asentaron en los años sesenta posteriores.

Pero, la decoración de los años cincuenta es algo más. Mucho más. Es una decoración que se dejó ver también como ideología en un mundo, el de aquella década, polarizado en dos frentes, el mundo capitalista occidental y el comunista que se debatía tras el Telón de Acero. Con sus privaciones en lo material y en lo espiritual, tal y como se repetía como una letanía en Occidente.

Un mundo desarrollado, industrializado y, vendido como libre, que tuvo a su decoración estilo años cincuenta como bandera del bienestar común, social.

De un bienestar basado en el consumismo, en la asistencia de un estado paternalista al modo del ‘wellfare state’ tan lineal como la monocromía de los electrodomésticos, tan simple como la geometría de los salones de estar familiares como las de aquellas televisiones encerradas en cajas, como la misma libertad de expresión en muchas partes de aquel mundo soñado que se creía seguro y feliz.