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Los espejos son objetos decorativos que superan su capacidad como soporte para la reflexión de imágenes para llevar sus aplicaciones mucho más lejos. Más allá de ese utilitarismo básico, los espejos son piezas de decoración por las posibilidades que ofrecen sus marcos, son medios para reflejar y llenar de luz lugares oscuros y sombríos para crear atmósferas, sus reflejos crean la sensación de amplitud y hasta pueden ser argumentos para una terapia personal basada en la autenticación de la propia imagen ¿Quiere saber cómo?

– Los marcos. Los espejos son un elemento de decoración. Más allá de su capacidad para reflejar, los espejos son también sus marcos. Ellos nos ayudarán a integrarlos como piezas decorativas. Ya sabe, los hay clásicos, serios, monocromos, con texturas, gruesos, finos.., para combinar, cada uno a su manera.

– Reflexión de la luz. Los espejos resultan muy útiles en entornos, en habitaciones que son oscuras o muy oscuras, porque ayudan a reflejar la luz, la poca luz que llega desde el exterior. Se trata de una luz indirecta que puede ser derivada de manera inteligente con la ayuda de espejos estratégicamente situados.

Imagínese, por ejemplo, un sótano o una buhardilla, dos casos extremos de lugares con menos luz, y un espejo ubicado en el punto donde entra un haz de luz por una caja de escalera o por un ventanuco y esa iluminación devuelta al otro extremo de la estancia por reflexión.

– Apertura de espacios. Los espejos pueden hacer otro efecto igualmente beneficioso, el de abrir espacios. Ubicados en recintos, en habitaciones pequeñas, pueden conseguir el efecto de crear la ilusión de volver aparentemente más grandes esos lugares angostos.

Es el efecto que se consigue en espacios comerciales muy pequeños, como supermercados, tiendas de ropa y boutiques, solo que aplicado a la decoración de casa. Pruébelo y verá qué efecto más sorprendente. Es más, si combina esa capacidad de reflexión con una iluminación adecuada, verá las bondades del efecto multiplicador de la luz.

– Creación de ambientes. Por último, los espejos tienen un efecto que podríamos denominar beneficiosos y hasta curativos para los estados de ánimo, por su facultad de llevar la luz y el reflejo de la imagen propia.

La luz es vida, es alegría y espontaneidad, y disponer de un espejo en el que reflejar nuestra imagen física es una forma de acercarnos a nuestra realidad, la que ven todos, la social, para mejorarla y autentificarla. Los espejos crean ambientes y pueden colaborar como una terapia personal. Una garantía para observar lo que somos en la intimidad.