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¿Las mentiras de su hijo se están convirtiendo en un problema, aún cuando en lo demás es normalmente un “buen chico”? ¿A veces miente incluso acerca de cosas sin importancia? ¿Continúa mintiendo aún frente a pruebas irrefutables de que ha sido descubierto?

Creo firmemente que no podemos suprimir el comportamiento mentiroso en nuestros hijos a menos que cancelemos las consecuencias de decir la verdad. Este concepto se explora más detalladamente en el libro de Nancy Buck, Paternidad tranquila®.

¿Cuántas veces, cuando era pequeño, sus padres le dijeron que no le traería “tantos” problemas ser honesto y decir la verdad? Pienso que debe ser una regla para todos los padres, pues todos los que he conocido han pronunciado esta verdad incuestionable frente a sus hijos al menos una vez. ¿Recuerda lo que usted interpretó al oír ésto de niño? Yo sí.

Lo que yo interpreté fue lo siguiente: Si sigues mintiendo, te vas a meter en verdaderos problemas. Ya has mentido, así que estás en un gran peligro de meterte en serios líos. Pero, si sostienes tu mentira, tienes una probabilidad de no ser castigado. A nadie le gusta ser castigado. Así que es lógico que la mayoría de los niños escojan la vía aparentemente menos dolorosa. Ésta, para casi todos los niños, es la vía de la mentira.

NIño mentiroso

Si usted quiere disminuir el hábito de mentir en su hijo, necesitará decirle: “Mientras me digas la verdad, no te castigaré”. Éste es un gran cambio para la mayoría de los padres, y probablemente se preguntarán “¿Pero qué pasa si mi hijo ha hecho algo que merece castigo, algo que atenta seriamente contra las reglas?” Insisto: eliminen las consecuencias de mentir y tendrán más probabilidades de obtener la verdad.

Antes de llegar a esta decisión, sin embargo, deben ser honestos con ustedes mismos, y descubrir si realmente quieren saber la verdad. Hace unos años, estaba hablando con la madre de la amiga de uno de mis hijos. Estaba muy molesta porque el noviete de la niña se había quedado en su casa y había dormido sobre la misma cama que la chica. La madre sabía que el chico se quedaba esa noche en su casa, pero ignoraba que él y su hija hubieran compartido la cama. Ambos habían desobedecido sus indicaciones, pero sentían que habían cumplido con la regla principal, durmiendo sobre el cobertor, completamente vestidos. Cuando la madre los descubrió por la mañana, aún dormidos, montó en cólera. Me llamó para descargar su frustración. En su rabia, me dijo: “¡Bueno, ya sé que yo hacía lo mismo y cosas peores, pero al menos tenía la decencia de mentir a mis padres!” Le pregunté si realmente prefería que le mintieran, y respondió que sí.

Si son padres que no quieren saber la verdad, este artículo no es para ustedes. Estoy escribiendo ésto para padres que quieren conocer la verdad de lo que les ocurre a sus hijos, y que pueden enfrentar la verdad cuando se les presenta, antes que sentir la necesidad de castigar a sus hijos.

Mi cuñada vino a pedirme consejo sobre cómo tratar con su hija de once años, quien había desarrollado la costumbre de mentir, especialmente sobre sus tareas escolares. Lo había intentado todo. Ya había enunciado la ley universal: “Si me dices la verdad, tendrás menos problemas que si me mientes”. Mi sobrina se pegaba a sus mentiras como con cola. Luego mi cuñada empezó a prohibirle actividades extracurriculares con la esperanza de hacer entender a su hija la importancia de las tareas escolares. Estaba actuando con sentido común, pero ¿qué creen que ocurrió? La niña siguió mintiendo sin variantes.

Cuando vino a verme, le aconsejé que eliminara las consecuencias de decir la verdad. No podía creer lo que le estaba sugiriendo. Yo no le decía que no debía tener una charla con mi sobrina acerca del problema. Tampoco le estaba sugiriendo que no hiciera planes para que la niña desarrollara un comportamiento mejor en el futuro: simplemente le decía que le asegurara que no habría consecuencias por decir la verdad. Aunque ambas se encuentran apenas en los comienzos de esta nueva etapa, mi cuñada ya ha notado mejorías.

Todo lo que ella debe hacer es recordarle a mi sobrina que no la castigará si dice la verdad. Mi sobrina ha empezado a dejar de mentir. La ventaja es que, con esta estrategia, los padres no tienen que perder un tiempo precioso tratando de “llegar al fondo de las cosas”. No necesitan jugar a los detectives en misión de buscar pruebas. Tienen la verdad frente a ustedes y sabrán cuál es el verdadero problema a enfrentar.

La ventaja es que así pueden cooperar con sus hijos para saber cómo encarar mejor el tema la próxima vez. Pueden invertir el tiempo en descubrir los problemas que se interponen en el camino de sus hijos, y decidir cómo eliminar juntos esos obstáculos. Ésto fortalecerá mucho más la relación con ellos que el intento de averiguar quién dice la verdad y quién no y buscando el castigo ejemplar para las mentiras. ¿No prefieren acabar con los embustes y encontrar la verdadera fuente del problema?

Inténtenlo y verán que funciona. ¡Pero no lo hagan si prefieren ignorar la verdad!