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La siguiente es una situación habitual entre padres e hijos pequeños: su niño de tres años se está restregando los ojos. Usted corre junto a él y le pregunta «¿qué ocurre, cielo?». Pero no obtiene respuesta: las lágrimas brotan y él se limita a decir «¡buáaaaaaaa!».

Usted comienza a hablarle en un tono dulce y suave para alentarlo a decir qué le pasa. Realmente desea calmarlo. Pero cuando le pregunta cosas como «¿algo te ha hecho daño?» o «¿tienes hambre?», él no contesta. Sigue llorando.

Su voz dulce y suave continúa hablándole, esperando encontrar esa mágica palabra que detenga su llanto. Después de un rato, usted empieza a sentir una creciente frustración. No puede comprenderlo. Él no dice nada. Usted siente ganas de llorar. Quiere ayudarlo, pero existe una barrera en la comunicación entre ambos. Así que usted insiste, pero su niño aún no deja de llorar.

Niño llorando

¿Qué puede hacer?

Usted se está enfrentando a un problema de comunicación muy habitual. La comunicación entre personas es un proceso muy complejo que involucra palabras, símbolos, señales no verbales y cosas por el estilo. Más compleja aún se torna cuando uno de los interlocutores es un niño pequeño. Dada su corta edad y su aún escasa instrucción, desarrollo y experiencia en la comunicación interpersonal, le resulta casi imposible superar las barreras que le impiden expresarse con claridad.

Seguramente usted querrá crear un entorno donde no sólo su hijito pueda expresar lo que piensa o siente, sino donde también usted pueda comprenderlo. Necesita quebrar esas barreras comunicativas que obstaculizan su fluida relación con sus niños. Así podrá ser una parte importante de sus vidas, de la manera más saludable y útil.

¿Me creería si le digo que muchos niños que son buenos y bien intencionados se tornan «malos» simplemente por la frustración que les causa no poder expresar sus sentimientos o ideas? Imagine ésto: un niño quiere o necesita alto. Pero no puede pedirlo porque no sabe cómo. Entonces, hace lo único que sabe: incurre en algún tipo de conducta prohibida, como romper un juguete, gritar, llorar, tirarle del pelo a su hermanito, etc. Sin duda, usted no desea que ésto ocurra en su hogar.

Siguiendo unos pocos consejos, usted llegará a descubrir cómo superar algunas de estas barreras comunicativas. Desarrolle rutinas y hábitos con sus hijos en los momentos en que todo marcha bien, para que en cuanto surja una crisis, estéis preparados para enfrentarla. Ésto funciona igual que la medicina preventiva: trabaja con el problema ANTES de que aparezca.

Intente los pasos que le ofrecemos aquí. Tenga en cuenta el objetivo que quiere alcanzar: una comunicación fluida con sus hijos. Usted y su niño podrán hablarse en una forma calmada y expresiva por medio de palabras, gestos, expresiones faciales y cosas por el estilo. (NOTA: Ésto significa que chillar y gritar enfadados NO constituye una forma sana de comunicarse. Frecuentemente derivará en una reacción poco sana por parte del interlocutor. Ésto es lo que ocurre cuando los padres chillan a sus hijos).

Comprométase a probar algunos de los siguientes ejercicios, y evalúe los resultados:

1. Demuéstrele a su hijo que está listo para escucharlo y prestar total atención a lo que está diciendo. Haga que el niño sienta que hay alguien que esta dispuesto a escucharlo. Ésto disminuirá el nivel de frustración que el niño sienta.

2. Anímelo a hablar con frases completas si es posible. A veces los niños que ya saben hablar bien optan por lloriquear, llorar o decir expresiones de una sola palabra, sólo porque los hemos acostumbrado así.

3. Prepare diferentes posibilidades para que el pequeño se exprese: señales, objetos, dibujos, etc. Tendrá que aplicar toda su creatividad a ésto. Algunas ideas se expresan mejor de las maneras menos convencionales, por ejemplo, un niño puede recrear una situación utilizando muñecos.

4. Asegúrese de poder repetirle al niño lo que él le acaba de decir. Éste es un punto crucial en el proceso porque, para el niño, ésta es la confirmación indudable de que usted lo ha comprendido.

Anécdota: Un niño había golpeado a la pequeña Susi. Susi llegó a casa llorando. Su mamá le preguntó una y otra vez qué le ocurría, pero por alguna razón ella no era capaz de expresarlo en palabras. La mamá tomó a Susi de lamano y la llevó a su mesa de dibujo, donde había unas hojas de papel y unos rotuladores listos para su uso. Susi se sentó y comenzó a dibujar en su primitivo estilo de cinco años la siguiente imagen: una niña y un niño. El niño tenía la mano en la cara de la niña. Al ver ésto, la mamá se imaginó que el niño le había pegado. Preguntó a Susi si éso era lo que había sucedido. Ella asintió. «Ahá», pensó la mamá. «Ahora comprendo…»