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Su éxito en el matrimonio depende en gran parte de las actitudes positivas y constructivas hacia esta institución. Para algunas personas ésto puede resultar difícil, especialmente por las falsas imágenes que se nos han enseñado desde pequeños, respaldadas por las películas y otras influencias culturales. De hecho, el amor sobre el que se basa la mayoría de los matrimonios está formado por uno o más de estos componentes:

1. La atracción del romance y la aventura del matrimonio en sí mismo.

2. La respuesta a una persona que nos recuerda a alguien de quien estuvimos enamorados.

3. El deseo de escapar de una situación infeliz.

4. Consuelo ante un fracaso o una decepción.

5. Las presiones sociales y/o el miedo de “quedarse para vestir santos”.

6. El deseo sexual.

7. Algunos factores menores de atracción.

Estas formas de amor no son falsas sino muy reales. A menudo son lo suficientemente intensas para otorgarle a una persona una firme seguridad acerca de sus deseos de casarse. Y algunas de ellas, como las número 1, 6 y 7, tienen su lugar propio en el matrimonio.

El problema de estas formas o factores de amor reside en que son superficiales. Ni una de ellas, ni todas ellas juntas, son lo bastante fuertes como para constituir los cimientos de un matrimonio feliz. Aún así, son suficientes para engañar a las personas que creen que “el amor basta y sobra”, y que así escogen parejas inadecuadas.

El amor que hace rico y valioso al matrimonio debe ir más allá. Debe estar basado en puntos tales como intereses, ideales y valores comunes, que involucran propósitos valiosos. El deseo de criar hijos sanos y felices es uno de los objetivos comunes más fuertes e importantes. Este deseo no tiene mucho que ver con el “enamoramiento” que precede a muchos matrimonios.

Antes bien, es algo que se construye juntos a través de los años. Los que han encontrado una base sólida para el amor verán que la emoción, el brillo y el romance de sus primeros días de casados se acrecienta con el tiempo. El mayor tesoro del matrimonio se basa en una relación mutua de constante desarrollo y maduración. El amor más profundo y duradero es aquél que se convierte en una expresión de todas las experiencias y del significado de la vida para ambos cónyuges.