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Suele ser muy habitual que los hijos en edad escolar y con una personalidad aún por formar, con hábitos no adquiridos, no lleven bien lo de hacer sus tareas escolares. Que el tiempo les pase, sin apenas abrir una hoja del libro y que se distraigan con mucha facilidad. Sin una adecuada dedicación a las tareas escolares, su hijo puede dejar de llevar un buen ritmo en el colegio, puede traer malas notas y lo que es peor aún, desmotivarse todavía más.

Y de eso se trata, precisamente de eso, de motivación, de cómo crearles desafíos que les resulten estimulantes para conseguir que hacer las tareas del colegio se conviertan, si no en un placer, sí al menos en una tarea en la que trabajen sin perder el tiempo y sean eficaces.

Una de las fórmulas más simples para que las tareas escolares sean más llevaderas es evitar toda distracción, crear un entorno en el que el niño esté realmente aislado de toda interferencia para que pueda enfocar su atención. Puede ser desde tener un horario de calma en casa, previamente pactado con todos los miembros de la familia, para hacer las tareas escolares, a disponer de un cuarto propio cuando no de una habitación de estudio, si se dispone de tiempo.

Pero, una cosa es crear un entorno agradable y otra es hacerles nacer las ganas de trabajar en sus tareas escolares. Tómese unos minutos con su hijo, siéntese a su lado y pregúntele qué es lo que ha traído para hacer hoy, pregúntele también cómo lo va a hacer.

Con ello, conseguirá, por un lado, revalorizar su trabajo, y de manera sutil comprometerlo dándole unas pautas sobre cómo ha de hacer los ejercicios del colegio y en el orden que puede resultar más productivo. Sea sutil. Por otro lado, conseguirá saber cómo va a hacerlo, algo que le servirá para monitorizar durante la tarde cómo va la tarea. Pregúntele, sin atosigarlo, pero demuestre que tiene interés y hágalo con mano izquierda.

Y, en esa línea, márquele algunas metas, y combine esas metas haciendo que las más sencillas, las tareas más fáciles de realizar se hagan primero y las más complicadas después. Propóngale también hacer esquemas, resúmenes, anotaciones al margen. Dele herramientas que le ayuden a terminar las tareas escolares, pero también los medios para organizarse su trabajo que, sin duda, le servirán en el futuro para estudios superiores. Hablamos de crearle los hábitos de estudio con sus instrumentos de trabajo.

Algo que también ayuda es pautar el horario de las tareas que ha de hacer durante la tarde. No sólo las del estudio. Debe terminar la merienda, comer bien, por supuesto, pero en el tiempo asignado a ella, luego hacer las tareas escolares y tener tiempo suficiente para asearse, cenar y, si puede ser, algo más para ocuparse de sus entretenimientos, sin comprometer el descanso. Faltaría más. Piezas que han de engarzar y ocupaciones de las que también debe hacerse responsable, porque son parte de su trabajo.

También es importante dar ejemplo de dedicación al trabajo por parte de los mayores, y hacérselo ver al niño con ejemplos, para que comprenda cómo lo hacen los adultos y para revalorizar sus propias tareas escolares que son su trabajo.

Por último, el lenguaje también es importante. Saber cómo preguntar por las tareas escolares, cómo se van haciendo con un ¿cómo va eso? o pidiéndole que nos enseñe cuál ha sido el progreso será mejor que preguntar directamente de forma que pueda comprender o, peor, sentir, que le estamos atosigando.

Tareas escolares, lecciones de motivación.