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¡Mamá, papá, átame los cordones de los zapatos! Seguro que habrá oído decir, o gritar, eso en un niño de cuatro o cinco años, su hijo o su hija. Y lo más probable es que a ese niño le haya ayudado a amarrarse el calzado sólo por aligerar el paso en el momento de agobio en el que se está vistiendo para ir al colegio. Por la mañana temprano.

Pues aunque se trata de una respuesta rápida y eficiente por su parte para salir del paso y llegar a tiempo al cole, no se trata de una respuesta coherente, sensata, en padres que intentan o deberían procurar inculcar y educar a sus hijos en una autonomía, para que se valgan solos. Con cuatro o cinco años, esos niños ya deberían atarse los cordones ellos mismos. O, cono mínimo, empezar a aprender.

La mejor respuesta en ese caso, en el tema de atarse los cordones, sería ¿te enseño a amarrarlos? Desde luego, si no es en ese momento de carreras para llegar al colegio a tiempo, sí en otro en el que el niño o la niña, y usted mismo, se encuentren más relajados, y, sobre todo los pequeños, más dispuestos a aprender y a descubrir.

Piense, por otro lado, que a esa edad, entre los cuatro y los cinco años, los niños son muy sensibles a las frustraciones. A veces desean que les hagamos todo, si además lo que quieren hacer no les sale a la primera.

Pero también se dan casos contradictorios, en el mismo niño y en otras situaciones en los que no desean que les ayudemos. Con eso tenemos que lidiar para enseñar a atarse los cordones de los zapatos. En cualquier caso, lo que le recomendamos es que se arme de paciencia.., además de cordones, claro.

¿Qué hacer para enseñar a un niño a atarse los cordones? Pues hay estrategias para que adopten la tarea como un reto y hasta como un juego, para ganar autonomía, y, con cada éxito, con cada zapato atado y bien atado, también unas buenas dosis de autoestima.

Resulta muy recurrente y ocurrente contar historias de personajes infantiles inventados que necesitan atar lazos o cintas. Esos cuentos han de desarrollarse con la narración detallada, paso a paso, de cómo se cruzan los extremos de las cintas para formar los nudos. El tamaño mayor de los lazos ayudará a los niños a comprender los movimientos que han de ejecutar para completar el nudo.

Una vez que lo hayan visto, con mucho tacto se les invitará a los niños a que cojan sus propias cintas y reproduzcan la escena del cuento ¿con alguna canción, con un estribillo que rime? Sí, esa es una buena idea.

Lo siguiente, como habrá deducido, y cuando el niño haya demostrado soltura en la tarea, es pasar a la acción con los cordones de los zapatos. Es importante demostrarle que la operación es exactamente la misma que la del relato del cuento, con la intención de desactivar cualquier primera frustración cuando compruebe que los materiales, lazos y cordones, son realmente diferentes y tienen otro tacto.

Las primeras acciones de atarse los cordones por sí mismos en ese corre corre de todas las mañanas tal vez necesite posteriormente de nuestras correcciones verbales, sólo verbales y como refuerzo. Las frases de aliento y el premio de nuestro más sincero agradecimiento será desde ese momento nuestras únicas aportaciones a la tarea de atarse los cordones mañanera.

Ármese de cordones y de paciencia.