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Nuestros hijos pequeños son parte de nuestra vida, pero su vida, que se encuentra ahora a nuestro cargo, dejará de estarlo a medida que ellos crezcan y sus propias decisiones vayan ocupando su lugar en ella.

Desarrollar progresivamente la autonomía infantil en los niños pequeños es una garantía para que en el futuro sean independientes y, como adultos, personas completas con capacidad para tomar sus propias decisiones, maduras y consecuentes.

Un niño pequeño puede ganar autonomía infantil con mucha facilidad, porque está en la naturaleza de su aprendizaje la curiosidad, el interés por lo novedoso y las ganas de nuevas experiencias.

Se trata de aprovecharse de esas circunstancias y saber ‘venderles’ lo que queremos que aprendan para que lo hagan con gusto y con ganas. Para que aprendan habilidades que les hagan ganar autonomía infantil. Pero vamos con algunas claves para que los niños pequeños ganen esa autonomía infantil.

Un buen argumento honesto de padres es la explicación de cómo las acciones tanto al salir bien como cuando salen mal tienen consecuencias que deben asumir. Ganar o perder, recibir recompensa o no, forman parte de la vida. Se trata de explicarles eso con toda naturalidad.

Sin embargo, eso no quita que no intentemos que el niño desarrolle plenamente sus habilidades para alcanzar aquello que desea con éxito. Esforzarse, la cultura del esfuerzo, es un valor en la enseñanza de los niños. Tiene que serlo.

Explicarles que también han de procurar vencer las dificultades y saber manejarlas es algo muy relacionado con su autoestima y con los logros de su autonomía infantil.

Pero vaya más lejos con esos consejos. Llénelos de amor y de afecto. Demuéstrele que, independientemente de que por sí mismo consiga o no alcanzar sus éxitos, seguirá siendo valorado de la misma forma por sus padres y querido con las mismas ganas y con la misma intensidad de afecto.

Una forma de conseguir también esa deseada autonomía infantil es ayudarle a organizarse, a ser eficientes en sus tareas, a utilizar el tiempo, su tiempo con sabiduría, con equilibrio.

Marcando prioridades, juegos y tareas escolares bien distribuidas y envuelto todo en una disciplina que hay que saber cultivar también en el niño. Más que una disciplina, una autodisciplina con la que el niño saboree sus pequeños éxitos.

Por último, tal vez lo más importante, el reconocimiento. Reconocerle al niño los logros será una forma de que le demostremos que creemos en él, y una manera de descubrir por sí mismo cuanto valor tienen sus acciones y de conocer los buenos caminos que llevan a su autorealización.

Tanto da si es una obra de teatro en la que el niño ha conseguido aprender su papel y ejecutarlo a la perfección o simplemente el hecho de ser pulcro y educado en la mesa. En su educación y en nuestra comunicación de padres, todo cuenta, todos los detalles tienen su valor. ¿No lo cree?