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Uno de los recuerdos más fuertes de mi infancia es el de mi madre leyéndome los cuentos de Ferrándiz, sentada junto a mi cama. Este recuerdo viene acompañado de sonidos y olores y un sentimiento general de seguridad y comodidad que nunca se desvanece, ni siquiera después de tantos años. Naturalmente, uno de los primeros recuerdos que comparto con mi primer hijo es el de sentarnos en un gran sillón y leerle sus cuentos favoritos.

Compartir libros y leer con mis hijos es tan natural para mí como bañarlos o prepararles el desayuno. Es algo que hago cada día, y constituye uno de los momentos más agradables de mi jornada. Adoro sentar a mi pequeña de dos años en mi regazo mientras miramos juntas alguno de los ejemplares de su creciente coleción. Sus libros favoritos cambian semana a semana a medida que amplía sus intereses. Los libros le abren las puertas del mundo, y su imaginación hierve con nuevas ideas día a día.

Más que contar historias, los libros ayudan a que los niños comprendan mejor sus propias ideas y sentimientos, y a menudo son la única forma de calmar a un bebé cuando los demás recursos no funcionan. Oyen y ven cosas sobre otros niños como ellos y otras personas del mundo. Todos hemos visto niños pequeños “representando” los relatos que han oído. Cuando niña, yo pasaba muchas tardes fingiendo ser alguno de los personajes de mis libros favoritos. Hace poco vi a mi hijo jugando a “Harry Potter”, uno de sus libros favoritos.

Aunque leer con los niños es maravilloso para ellos y los adultos, los más pequeños necesitan tiempo para mirar sus libros a solas. Ésto les da la oportunidad de mirar las ilustraciones y desarrollar el hábito de “leer” aún antes de que hayan aprendido a hacerlo. En mi casa tengo dispuestas distintas “bibliotecas” en diferentes habitaciones. Los niños han bautizado estas áreas como “bibliotecas” por sí solos, y a menudo rotan los libros de una habitación a otra, jugando a que van a la biblioteca. Imaginen mi sorpresa cuando vi al mayor de mis niños “llevando a la biblioteca” a los otros.

Leer es una actividad fácil de realizar y no requiere preparación o limpieza posterior más allá de retornar los libros al sitio de donde se han cogido. Por eso los padres pueden aprovechar cualquier oportunidad para compartir libros con sus hijos. Viajes largos en coche o avión, salas de espera, carritos del supermercado, por citar algunas situaciones, pueden ayudar a nuestros hijos a convertir cualquier momento de espera o transición en un rato divertido. Los libros y la lectura pueden ser una actividad individual o grupal, y muchos niños que regularmente son tímidos se olvidarán de su problema al sentarse en rueda de amigos y contar nuevas historias.

Al compartir libros con sus hijos, usted está plantando un precioso recuerdo que durará para el resto de sus vidas. A su vez, ellos continuarán con la tradición con sus propios hijos, y recordarán aquellos momentos especiales de su infancia. Hay un mundo de experiencias aguardando que usted se las presente a sus hijos en forma de libros.