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Educar para la higiene personal es parte importante de la formación de los niños. Limpieza personal como lavarse los dientes, asearse, y, en los primeros años, al menos y como mínimo, aceptar el valor de estar limpios. Sin embargo, una cosa es la teoría, las buenas razones y las mejores voluntades y otra muy diferente es conseguir que un niño pequeño empiece a echar a andar los hábitos de una buena higiene personal que le acompañará toda su vida.

Lo más importante para introducir la higiene en los niños es empezar cuanto antes, desde muy pequeños. Si se trata de bebés, pruebe a contarles qué es lo que está haciendo cuando le frota, cuando le pasa la esponja por su cuerpo, cuando prepara el agua caliente con la que lo ha de bañar, cuando ordena la ropa limpia, el pijama con el que se irá a la cama

¿De forma que parezca un juego, con una entonación amable y con la gracia y el rimado de una canción? Si, lo ha captado. Es exactamente así, como tendrá garantías de que la tarea diaria de la higiene será aceptada y hasta esperada. Pruebe, pruebe, nadie como usted conoce a su bebé para saber cómo conseguirlo.

Si el niño es un poco mayor, acérquele un banco, un taburete, cualquier silla y llévelo al borde del lavabo para que el mismo se asee, primero lavándose las manos. Con usted delante para mejorar la seguridad, para controlar el gasto de agua, por supuesto, pero, sobre todo, para corregir aquello que no haga bien.

Es muy importante que en cuestiones de higiene, se deje imitar por su hijo o por su hija. Déjese acompañar mientras se lava las manos antes de comer, invítelo a compartir espacio en el lavabo y demuéstrele el valor que tiene asearse. No empiece usted hasta que él o ella, no hayan traído su taburete y se haya puesto a su altura para limpiar sus manos.

Es importante que este ritual de higiene sea seguido al pie de la letra. Lavarse las manos después de jugar y de llegar de la calle, hacerlo antes de comer, como hemos comentado, y ocuparse de limpiarse cuando haya tocado algo sucio. Es importante que el niño pequeño comprenda el significado de la higiene y lo asocie a la suciedad.

Algo que también funciona es colocar el niño o a la niña frente a un espejo, el del baño por ejemplo, el que tenemos sobre el lavabo y que tendrá al alcance de su vista si lo aupamos con la silla o el taburete. Al ver su imagen, tendrá mucho más fácil apreciar el efecto de la limpieza en cada una de las partes de su cuerpo, las manos y la cara. Sin ir más lejos.

La misma constancia ha de emplearse en la limpieza de los dientes. Enseñe a su hijo a limpiarse los dientes cuidando de que lo hagan de manera eficiente, paso a paso, desde la dosificación de la pasta dentrífíca, a la forma en la que han de hacer el recorrido de la higiene dental por su boca. Corrigiendo y, por qué no, con el apoyo del mismo espejo, del mismo taburete y de su compañía.

Para más adelante queda limpiarse su culito después de ir al baño o asearse bien después de orinar en el caso de las niñas. Dejar que un niño o una niña de tres años se limpie solo después de hacer caca o pis puede ser como aquello de peor el remedio que la enfermedad. Pero es importante que comprendan cómo los limpia usted y, lo mismo, cuál es el significado de cada una de las tareas que realiza para conseguir esa higiene.

Lo único que nos queda trasladarle es que sienta el placer por la educación de sus hijos y que comprenda lo importante que es hacerlo de su mano, con sus atenciones y todo su amor.

La higiene infantil, entre la imitación y la autonomía.