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Cuando se trata de exámenes o cualquier otro trabajo académico, los padres sienten que deben animar a sus hijos adolescentes a trabajar duro y hacer las cosas bien. El problema es que al tratar de alcanzar estos objetivos, muchos padres suelen causar estrés, ya sea en ellos mismos, en sus hijos, o en ambas partes.

¿Cuáles son las causas de tal estrés? Básicamente, una creencia generalizada que muchos padres sostienen y que la mayoría de los colegios refuerzan:

Para tener éxito debes trabajar duro

Consecuentemente, los padres pasan mucho tiempo tratando de que sus hijos trabajen duro. La triste realidad es que hay algunos estudiantes que pueden trabajar duro el resto de sus vidas y aún así alcanzar sólo resultados mediocres. Y están esos otros estudiantes que parecen poner muy poco esfuerzo en su trabajo, y aún así tienen éxito.

Estos hechos llevan a los padres a pensar en dos alternativas: o que sus hijos triunfan porque trabajan lo bastante duro o que fracasan porque no lo hacen. Cualquiera de estas opciones puede causar un estrés innecesario.

Si su hijo adolescente trabaja duro

En esta situación, la persona que suele resultar estresada es el adolescente. El papel de los padres en este caso es ayudarlo a controlar el estrés. Cuidado con “pasarse” en alentar a su hijo; hágale saber que incluso si no alcanza exactamente los resultados que quería, no es el fin del mundo.

Recuérdele que existe más de un camino para llegar a donde desea y que usted estará allí para apoyarlo, cualquiera sea el rumbo que quiera tomar. El peligro en este caso es que su propio estrés se suma al de su hijo. Para evitar esta situación, explore otras opciones disponibles, en caso de que las cosas no salgan como usted quiere.

Si su hijo adolescente no trabaja lo bastante duro

En esta situación, quien se estresa es usted, el progenitor. La mayoría de los padres seguramente aplicarán uno de los siguientes métodos:

1. Consejos

Muchos padres intentarán motivar a sus hijos adolescentes diciéndoles cuán importante es pasar el examen, que la obtención de buenas notas le permitirá más posibilidades de escoger mejores trabajos o universidades en el futuro. Si se trata de los exámenes internos (para pasar de curso) el mensaje es que aprobarlos promoverá a los estudiantes al grupo “correcto” para el año siguiente.

Este tipo de motivación no suele funcionar, porque es demasiado general. Los chicos han oído estos mensajes antes; ¿por qué habrían de cambiar su conducta ahora?

Motive a sus hijos por medio de algo específico, algo concreto que ellos puedan comprender y sentir como real. Descubra algo que les interese y vea si puede relacionarlo conlo que ellos necesitan. Puede usar la idea de que se necesita hacer algo que a uno no le gusta para alcanzar los resultados que uno desea.

2. Soborno / Recompensa

Algunos padres recurren a una forma de soborno o recompensa como motivación: te daré cierta cantidad de dinero por cada examen que apruebes con buenas notas o algo por el estilo.

Desafortunadamente, el sistema de chantaje suele fracasar. El resultado se ve muy lejano en el tiempo como para constituir una motivación afectiva; los adolescentes necesitan una forma más inmediata de recibir recompensas.

Por consecuencia, es mejor recompensarlos por trabajar duro, antes que por los resultados. Idee un sistema de recompensas según la cantidad de horas diarias que ellos dedican al estudio. Asegúrese de ponerse de acuerdo con su hijo sobre el funcionamiento del sistema, o él rehusará participar.

También busque la forma de comprobar con certeza si él ha estado estudiando y no simplemente fingiendo que lo hacía. Hágale saber que ésto es parte del acuerdo y dedique un tiempo a hacerle preguntas sobre el tema que ha estado estudiando. No necesita hacer ésto siempre, sólo las veces que sean necesarias para que su hijo sepa que usted puede ponerlo a prueba.

2. Control

Muchos padres intentan obligar a sus hijos a trabajar utilizando alguna forma de control: sólo saldrás si estudias durante tres horas.

Por desgracia, este proceso raramente alcanza resultados positivos, pues, como reza un viejo dicho, “puedes llevar al caballo al agua, pero no puedes obligarlo a beber”. Lo mismo, usted puede obligar a su hijo a sentarse frente a los libros, pero no puede obligarlo a incorporar el conocimiento.

El resultado principal de este proceso es el deterioro en la relación padres-hijos, y los sentimientos negativos que este deterioro implica.

Se puede aplicar con éxito algún tipo de control, alguno en el que usted y su hijo se pongan de acuerdo en cómo va él a estudiar. Este control se puede establecer de modo similar al sistema de recompensas descrito más arriba, pero en este caso usted también deberá determinar cuáles serán las consecuencias si su hijo no respeta el acuerdo.

Cualquiera de estos métodos puede ser usado teniendo extrema precaución. La clave del éxito o el fracaso de su hijo en los exámenes es descubrir qué le está impidiendo trabajar correctamente.

Si el centro del problema es que su hijo no acepta el sistema académico como un todo, hay poco que usted pueda hacer para que él siga estudiando. Y ésto implica que deberá buscar un enfoque completamente nuevo.