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Las plantas de jardín son seres vivos que necesitan como los humanos nutrientes minerales con los que desarrollar todo su ciclo vital. Una planta, un vegetal, necesita al menos una docena de minerales para mantener sus funciones. Una docena de minerales que varían en proporciones según las características biológicas de cada especie.

Los minerales se absorben de manera desigual, los que lo hacen en mayor proporción porque son más necesarios, son los llamados macronutrientes, los que lo hacen en cantidades menores serían los micronutrientes.

Los macronutrientes minerales de las plantas son: El nitrógeno, el fósforo, el potasio, el calcio, el magnesio y el azufre. Por su parte los micronutrientes serían: El hierro, el zinc, el manganeso, el boro, el cobre, el molibdeno y el cloro. Hay muchos más, muchísimos más, pero estos son los básicos, sin ellos la vida de las plantas se compromete.

Así, ¿qué factores son los más frecuentes para desencadenar el deterioro de una planta por falta de uno o de varios minerales? A eso vamos, a comentarlos uno a uno. Primer factor, suelo empobrecido. Uno de los factores es la calidad de los minerales del suelo, su presencia, abundancia y recarga. Si el suelo, por sus características físicas y geológicas, presenta cantidades limitadas de determinados minerales, el resultado es un empobrecimiento consiguiente de la vegetación que se apoya en ese suelo.

Otro argumento en el mismo sentido es el del abonado. Las plantas que crecen en los suelos consumen los minerales como parte de su nutrición, ese consumo agosta el suelo

. Para mantener las plantas en condiciones de crecer con vitalidad, se hace necesario, por tanto, la remineralización del área de la plantación con un abonado selectivo.

Conocer de antemano las limitaciones de un suelo empobrecido, nos permitirá avanzar en estrategias de remineralización para garantizar la viabilidad de los cultivos. Téngalo muy en cuenta.

Un ejemplo claro son los suelos arenosos, cuyos minerales van desapareciendo a medida que las aguas de lluvia van lavando su superficie, extrayendo los minerales. Si, además, las plantas consumen parte de esos minerales, el proceso sólo se acelera. El abonado selectivo es, por tanto, una necesidad.

Segundo factor, el pH del suelo. Minerales como el hierro, el fósforo o el manganeso necesitan ser solubilizados con agua. Se trata de que el agua haga de vehículo para que las raíces de las plantas tengan la oportunidad de absorber esos nutrientes minerales.

Un caso concreto e ilustrativo: Una piedra rica en hierro no sirve para nada a unas raíces vecinas que no pueden asimilarlo. Se hace necesaria la presencia de agua para lavar su superficie y arrastrar las moléculas de hierro para que la planta puede consumirlas. El pH del suelo y la capacidad del suelo para solubilizar los minerales de un entorno, son fundamentales.

Y un tercer factor, las contraposiciones de los minerales. En muchas ocasiones, la presencia de minerales es evidente, pero sus proporciones y relaciones son el problema. Y es que algunos minerales, restan fuerza a otros. Esto sucede con el potasio, que restringe el efecto del magnesio, y al revés. más sodio es igual a menos calcio y más calcio afecta a la acción beneficiosa del magnesio. Téngalo también muy en cuenta.

En la naturaleza, el equilibrio estable y productivo es un factor decisivo, como lo demuestra la interacción de los minerales en el suelo de un jardín.