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Los crocus, anémonas y narcisos son los heraldos de la primavera. Sin embargo, los tulipanes son los que capturan el espíritu primaveral con sus brillantes flores que renuevan la tierra con una promesa de color. Lo mejor del cultivo de tulipanes es verlos danzar al compás de las primeras brisas de la primavera. Otra cosa muy bonita es el cuidado de estas flores: una vez que la planta ha prendido, el tulipán necesita muy poca atención.

Los tulipanes se originaron el el Asia Central, donde crecían en forma silvestre. La palabra “tulipán” significa “turbante”, del turco turbend. Los tulipanes se cultivan en Turquía desde el año 1000 de nuestra era. Hoy, estas flores se asocian frecuentemente con Holanda. En agosto de 1593, Carolus Clusius recibió como obsequio de su amigo Ogier Ghiselain de Busbecq, embajador de Constantinopla, unos bulbos de tulipán. Los plantó, y fue así como la primavera de 1594 vio nacer los primeros tulipanes de Holanda. Las plantas de Clusius aún están consideradas como el origen de la industria holandesa de bulbos florales, que continúa en marcha en la actualidad, más de 400 años después. Las coloridas flores del tulipán pronto se convirtieron en símbolo de estatus social, y su demanda creció tanto que para el 1600 ya se vendían por peso estimado aún antes de cosecharlas. El comercio de tulipanes fue bautizado como “tulpenwindhandel” (venta de viento de tulipanes). Este comercio especulativo se les fue de las manos y el gobierno holandés tuvo que introducir restricciones comerciales para frenarlo.

Es sencillo cultivar tulipanes. Sus bulbos florecen en primavera y deben ser plantados hacia finales del otoño. Los bulbos de tulipán son una excelente reserva de nutrientes que necesita pocos cuidados además del riego. Los tulipanes prefieren un lecho con base arenosa, ligeramente alcalina, con un mínimo de cuatro horas de luz solar, pero no directa. Actualmente existen más de cien especies de tulipanes y muchos cientos de híbridos, debido principalmente a los programas de cultivo masivo desarrollados desde el siglo XVII.

Plantar los tulipanes es tan simple como cuidarlos. Los bulbos deben estar espaciados, dependiendo del efecto que usted desee crear. La única regla es que no deben estar demasiado cerca como para tocarse entre sí. La profundidad del plantado también es fácil de calcular. Como regla, plante los bulbos a una profundidad dos o tres veces mayor que la altura del bulbo. ¡La parte más difícil del plantado es prestar atención a poner los bulbos con la parte de la raíz hacia abajo!

Como hemos mencionado, las plantas deben estar bajo luz solar no directa y en lugar cálido. Si han florecido o brotado durante el invierno, conviene guardarlas en un vivero o sitio cubierto. Una vez que han florecido, la temperatura ideal para los tulipanes está entre los 13ºC y los 18ºC. Hay que evitar someterlos a corrientes de aire o ambientes muy secos.

En cuanto al riego, no debe dejarse secar el terreno. El riego debe ser más abundante antes de la floración. Los bulbos plantados en otoño deben permanecer húmedos durante el invierno.

Para asegurarnos una buena conservación de los bulbos a fin de tener nuevos tulipanes en temporadas futuras, hay que cortar las flores poco antes de que se sequen (alrededor de tres semanas después de la floración), dejando los tallos y las hojas. Cuando se secan éstos, retiramos los bulbos. Así favorecemos la formación de bulbillos para plantar en la próxima temporada. Pasado un mes y medio después de cortar las flores, quitamos los bulbos de la tierra y los conservamos en un sitio frío y seco. Si el bulbo se ve sometido a altas temperaturas en invierno, puede resultar dañado o causar que las nuevas plantas produzcan flores defectuosas. Los bulbos almacenados deberán ser tratados con algún fungicida para evitar que se pudran.