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No hay mejor abono para las rosas que el estiércol. Sin embargo, si, por cualquier motivo, no lo puede conseguir o le resulta inapropiado; siempre tiene la posibilidad de aplicar turba negra rica en nutrientes, mantillo, guano seleccionado o cualquier otra clase de abono orgánico que puede encontrar en el mercado.

¿Cuándo han de recibir las rosas de sus rosales el abono? Pues en el momento en el que la planta pasa su momento de letargo a lo largo del año, en invierno. La cantidad deseable puede ser unos tres kilos o tres kilos y medio por metro cuadrado.

Para esparcir el abono a las rosas de sus rosales, primero debe extenderlo sobre la superficie en la que crecen las plantas y luego, con una azada, hacer la tarea de introducir el abono mezclándolo con tierra con la finalidad de que quede razonablemente cubierto por la tierra.

Con ello, conseguiremos que la lluvia no desplace de la zona el abono superficial y haremos un gran favor a los rosales integrando la carga de nutrientes en el sustrato.

En todo caso, en el comienzo de la estación primaveral será cuando el abono de nuestras rosas comenzará a soltar o liberar su carga de nutrientes y resultará beneficioso para fortalecer a las plantas. Cuando más lo necesitan, en la floración.

Sin embargo, hay que tener en cuenta algo importante y es que en esa tarea se ha de cuidar mucho de no dañar las raíces de las rosas, no porque puedan afectarse a las mismas raíces, sino porque puede dar lugar a la aparición de hongos bajo la superficie que no van a estar visibles a nuestra vista.

Si se elige cualquier tipo de abono orgánico diferente al estiércol o los mantillos y turbas de los que hablábamos más arriba, no deje de consultar las indicaciones del fabricante que vienen en el producto porque la concentración del abono, sus características químicas y la interacción con las calidades de las diferentes tierras pueden provocar resultados distintos.

Este abono debería ser suficiente. Pero, si se desea también se puede hacer un complemento del abonado anual con un abono líquido o de carácter mineral que se puede disponer en el entorno de los rosales dos veces al año, una primera vez en primavera, y una segunda en el otoño.

En ese caso, los mejores abonos son los llamados de liberación lenta que proyectan sus nutrientes en la tierra de manera progresiva para que la planta pueda asimilarlos de manera natural. Lo habitual es que las rosas necesiten del orden de 30 gramos, líquido o mineral, por dosis, 60 gramos al año.

Lo normal es corregir el pH alto o muy alto de las tierras calizas con hierro para que los rosales crezcan y luzcan bien. Para conseguirlo, lo más natural es añadir hierro. Otros componentes químicos que pueden necesitar las rosas son el nitrógeno o el potasio. ¿Y cómo saber si hay necesidades de potasio?

Primero, viendo las características del suelo, suelos calizos, no olvidemos; y lo segundo, lo más evidente, observando si amarillean las hojas de los rosales. Si hay buen riego, lo más probable es que haya carencias de hierro en la planta.

Se puede pedir quelatos de hierro en la tienda de suministros de jardinería para incorporar ese mineral directamente o de forma indirecta añadiendo un sustrato de turba rubia con lo que se consigue a más largo plazo corregir una presencia de hierro de manera natural.