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Los perros son mascotas carnívoras para los que hay que sostener una alimentación suficientemente rica en proteínas y, por demás, en nutrientes, lo más naturales posible, que sean sencillos de asimilar, una obligación que sus cuidadores no deben dejar de observar.

Las proteínas que necesita el perro las podemos hallar en el pescado, la carne y en los huevos, pero, del mismo modo, en los alimentos vegetales, componentes que aparecen, en principio, bien equilibrados en los piensos que sirven de alimentación a los perros y que podemos encontrar fácilmente en cualquier tienda de mascotas.

Sin embargo, una cosa es que haya proteínas en la comida del perro, que ésta se encuentre convenientemente balanceada, y otra muy diferente es su procedencia.

Las proteínas son, como sucede en los humanos, una parte importante de la estructura física de los perros. Las proteínas están presentes en los músculos, en el tejido cartilaginoso, en el sistema sanguíneo, pero también en el pelaje y en la piel del perro.

Las proteínas resultan vitales para las reacciones de las enzimas, las de las hormonas y el necesario sistema inmunitario del animal. Recuerde también que las proteínas, desde el punto de vista bioquímico, están constituidas por aminoácidos en orden de aproximadamente una veintena, que, sorprendentemente no pueden ser debidamente sintetizados por el organismo del perro. Y entender ésto es vital para comprender la nutrición del perro.

Los piensos que usted puede comprar en una tienda especializada para animales tienen una proporción de aminoácidos correcta para que el animal no tenga problemas de salud por ninguna clase de desequilibrio nutricional. Y, volvemos a repetir, en principio.

Y es que hay un pero. Si esas proteínas de los piensos de las mascotas son de origen no animal, sino vegetal, pueden resultar ser más digeribles, más fáciles de asimilar, pero, por contra, no tendrán las mismas cualidades nutricionales de los aminoácidos de origen animal.

Por esa razón, es conveniente que evaluemos los contenidos reales y el origen de las proteínas en los piensos que adquirimos para nuestro perro. Una información que podemos encontrar en el etiquetado y que debemos contrastar adecuadamente.

Hablábamos en el comienzo de este artículo de la idoneidad de una alimentación natural. Una composición natural que resulta muy deseable en la composición de los conservantes de ese pienso.

¿Qué es exactamente lo que debemos buscar o rechazar en esos conservantes? Pues la existencia de subproductos de procedencia animal o de naturaleza vegetal de carácter compuesto, especialmente del trigo que resulta potencialmente alergénico para los perros.

Un buen pienso para perros tampoco debe estar elaborado por ejemplo con maíz, porque la presencia de sus fitatos hace complicada la absorción de minerales.

Un pienso más natural no ha de contener tampoco saborizantes o proporciones de sodio, que es casi decir lo mismo, que resulta muy perjudicial para la salud de los perros, aunque en los piensos más corrientes es la forma más directa de acercarle un buen gusto al paladar del perro.

La interpretación de los valores de las etiquetas de los piensos de consumo para perros es vital como comentábamos. Así, un saco de quince kilos de pienso que asegure un 15% de carne, tal vez de pollo, podría suponer apenas menos de dos kilos y medio de carne de esa ave totales.

Brutos, porque, al ser carne deshidratada, la proporción vendría a ser en realidad apenas el 7,5% de verdadera carne de ave en un saco de quince kilos. Que, resumiendo, es una cantidad mínima, por debajo de lo que necesita el perro para sus necesidades de proteínas.

¿Cómo consiguen los fabricantes abaratar costos en la producción de piensos secos para perros sin renunciar a la cantidad bruta de proteínas? Pues aminorando la calidad de esas proteínas como hemos visto, añadiendo harina de pescado, harina de sangre, subproductos de carne de aves o harina de huesos, cuando no leche en polvo. Téngalo muy en cuenta.