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Aunque le ha costado arrancar, el final el invierno ha llegado a todas las regiones españolas. A los mayores de 65 años y al personal sanitario se le ha vuelto a recordar, como todos los años, la importancia y la efectividad de la vacunación contra la gripe. También se incluyen entre los colectivos de vacunación recomendada a  enfermos crónicos, trasplantados, personas con problemas respiratorios y otros trabajadores de servicios públicos, como bomberos o policías.

La vacunación contra la gripe puede justificarse en dos sentidos:
– como una medida de protección individual frente a la enfermedad que tiene una eficacia de más del 60%
– como un acto responsable frente a la comunidad para evitar ser contagiado y contagiar y para evitar el trastorno que a todos nos supone que una persona (sea trabajador o no) esté «fuera de la circulación de dos a cuatro días durante el período álgido de la enfermedad

Vacuna contra la gripe

Cada año, los laboratorios preparan vacunas contra las cepas del virus de la gripe que se prevee que van a ser más activas durante el invierno y la eficacia de las vacunas es de aproximadamente un año, por lo que es necesario volverse a vacunar todos los años. Desde la OMS se ha establecido como criterio que el 75% de los mayores de 65 años deberían estar vacunados al inicio de la temporada de frios del otoño-invierno. Cada año, de hecho, mueren entre 1.500 y 4.000 personas por la gripe (casi siempre acompañando a otras complicaciones) cuya situación podría ser otra si se hubiesen vacunado correctamente.

Los datos en España, pese a todo, no dejan mucho lugar a la esperanza: menos del 56% de los mayores de 65 años se vacunarion contra la gripe el año pasado y entre el personal sanitario la tasa de vacunación ¡no llega al 30%! Los médicos en España se preguntan qué es lo que puede estar fallando para que se estén produciendo estos bajos niveles de vacunación cuando en la temporada 2005/2006 se llegó a un 70% de cobertura entre los mayores de 65 años y apuntan varias razones:

  • – la propia efectividad de la vacuna no es determinante. Un 60% de eficacia si la vacuna incluye al tipo de cepa que más circula no es una tasa de éxito para alardear; casi equivale a lanzar una moneda al aire en caso de contacto con el virus para determinar si se produce o no la infección. Comparado con el 0% de eficacia (infección asegurada) en el caso de que no haya vacunación sí podría parecer relevante pero esto es sólo en el caso de que sea la cepa correcta, que no siempre lo es
  • – el efecto demoledor del «caso de la gripe aviar» en el que los laboratorios farmacéuticos quedaron como los malos de la película,  sólo interesados en vender vacunas, millones e vacunas, aunque fuera creando un miedo innecesario hacia una gripe que después demostró ser bastante inofensiva. De hecho, según los datos de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, fue en el ejercicio 2010/11, el posterior al asunto de la gripe aviar, en el que se produjo un mayor descenso (8,8%) en el porcentaje de vacunaciones.
  • – las campañas que desde algunas organizaciones religiosas fundamentalistas se mantiene contra la medicina en general y contra la vacunación en particular. Si bien estas sectas religiosas cuentan en España con pocos seguidores proporcionalmente, sus puntos de vista son recogidos habitualmente por los medios de comunicación (con cierto amarillismo, todo hay que decirlo) y siembran dudas entre la opinión pública

Sea como fuere, parece que la vacuna de la gripe ha perdido el aura benefactora que la envolvía y va a costar que vuelva a tener la implantación que un día tuvo.