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¿Hipercolesterolemia?, ¿hiperlipemia?, ¿hipertrigliceridemia? ¿Le suenan de algo estas palabras? Probablemente no.

Son las diferentes denominaciones de una afección con el mismo origen e idéntica naturaleza que en las sociedades occidentales se ha convertido en una de las principales causas de fallecimiento no accidental.

Hablamos de los efectos producidos por el colesterol, el incremento de esa sustancia, el aumento de la presencia en sangre de los triglicéridos, en general, lípidos, para entendernos, las grasas.

Una dieta rica en grasas, desequilibrada, y un estilo de vida sendentario son los componentes básicos de la afección que llamamos colesterol.

Pero ¿cómo se desarrolla el colesterol, qué factores los desencadenan? Ya lo comentamos más arriba, la presencia de lípidos, grasas.

Bien porque el cuerpo no metaboliza los lípidos de forma adecuada, lo cual puede ser una patología de base; bien porque se dan esas condiciones para que se acumulen, el resultado es el mismo, concreciones de grasas en las paredes de los conductos sanguíneos. Esas concreciones se denominan placas de ateroma.

Unas placas de ateroma que en un desarrollo avanzado de lo que popularmente conocemos como exceso de colesterol puede obstruir el paso de la sangre, formar trombos y desencadenar insuficiencias de riego sanguíneo y, en caso extremo, infartos de miocardio, cerebrales y otros.

Lo más curioso es que el organismo humano produce el colesterol de forma natural. Es uno de los compuestos que sintetiza, sólo que cuando excede en sus cantidades y no se elimina, surge el problema de salud.

Entonces ¿cómo se puede poner a raya al colesterol? Pues ingiriendo cantidades de grasas saturadas que no sobrepasen el 10% en la dieta. Una referencia es controlar que los alimentos de origen animal que llegan a nuestra mesa no superen ese 10%. Piense en cantidades, haga números y reduzca esas proporciones.

Tenga en cuenta también que el huevo o la mantequilla impulsan la aparición del colesterol malo. Otro dato que debe tener en cuenta es que los vegetales apenas si cuentan con colesterol en cantidades que puedan afectar a la salud. Un aumento de verduras y frutas le llevará en la dirección correcta. Como también lo hará elegir carnes de ave, pollo y pavo, que tienen proporciones de colesterol más bajas que las de vaca, oveja y sobre todo cerdo. También ha de evitar las vísceras y el marisco. Téngalo presente.

Y por último, haga ejercicio, además de tonificar su cuerpo, conseguirá reducir los efectos del colesterol con la práctica de algo tan sencillo como caminar, tan fácil como cambiar el hábito de usar el coche por el de desplazarse en el de San Fernando, ‘unas veces a pie y otras andando’. Anímese, hablamos de su salud.

El colesterol, un tapón que atasca la vida.