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Los acúfenos son esos sonidos que no son motivados por una causa externa y que una persona puede oír de forma inninterrumpida como ruido de fondo. Una sensación que suele ser muy desagradable y que puede privar hasta de seguir una simple conversación en un lugar precisamente silencioso. Los acúfenos pueden ser una tortura para quiénes los padecen.

Los acúfenos se despliegan en zumbidos, en pitidos y otras clases de sonidos persistentes. Se trata de unos ruidos que se pueden oír en un oído, en el izquierdo o en el derecho, en los dos y hasta tenerse la sensación de que proceden de algún punto de la cabeza.

Las variaciones de los acúfenos son realmente sorprendentes. Si los más comunes son los del tipo siseo, los zumbidos o los pitidos, como hemos comentado, también se dan en unos pocos casos acúfenos que se dejan sentir como ronroneos, como cantos de grillos, o, como estruendos.

Los acúfenos se clasifican en dos grandes tipos, los que se consideran objetivos y los que lo son subjetivos. Los acúfenos de naturaleza objetiva son los que desencadenan flujos sanguíneos con mala circulación, la aparición de procesos tumorales o en casos en los que se concretan movimientos musculares espasmódicos que tampoco pueden ser controlados. Los acúfenos subjetivos tienen todos la particularidad de que sólo lo perciben las personas que los sufren.

Los acúfenos se desencadenan por situaciones de estrés, en unos casos por estudios, por la cercanía de exámenes y con frecuencia entre opositores sometidos a una gran tensión nerviosa.

También lo producen el estrés del trabajo o una mala situación económica, familiar o social. Pero, por encima de todas estas causas, la que abre más oportunidades a los acúfenos son las exposiciones prolongadas en ambientes con mucho ruido, especialmente los laborales.

Diferentes estudios asociados a la electrofisiología y con la aplicación de técnicas de la imagenología se han podido determinar dos modelos de interacción de los acúfenos subjetivos de carácter neuronal: Los llamados acúfenos periféricos y los que lo son crónicos.

Los acúfenos van cambiando, evolucionando, durante el tiempo en el que están activos, un tiempo que puede ir desde semanas hasta meses. Los acúfenos crónicos son los que se prolongan más en el tiempo tienen una evolución que puede ir, en cambio, de muchos meses a años.

Las mejores fórmulas para prevenir los acúfenos son evitar entrar en contacto con situaciones estresantes y no permanecer en entornos que son muy ruidosos o en los que el ruido tiene un perfil bajo, pero su presencia es constante, o, todo lo contrario, cuando se deja sentir con picos y muchos decibelios en momentos muy concretos.

En estos casos, si se trata de ambientes profesionales, entornos de trabajo, la prevención consiste en hacer un gesto muy sencillo, simplemente colocarse unos tapones de esos de neopreno o las protecciones auditivas que, como cascos de los de tipo para escuchar música, aíslan a los operarios de toda fuente nociva de ruidos.

Acúfenos, íntimos indeseables.