.

El aire que tenemos en casa, el que forma el ambiente del interior de nuestro hogar, es nuestra atmósfera. Lo creamos, lo mantenemos y lo respiramos, queramos o no. Su calidad depende de nosotros. Si sabemos gestionarlo, es salud, y, por esa razón, estamos obligados a procurar el mejor posible.

No se trata de instalar complejos sistemas de climatización, de estudiar la física de cada una de nuestras habitaciones y lugares comunes, se trata de adaptar y aplicar unas recetas sencillas que nos hagan más agradable vivir y convivir en nuestra vivienda. Por nuestra salud, por la salud familiar.

Hablamos de la gestión del aire, de la utilización de productos químicos volátiles y del cuidado y la protección contra agentes como el polvo.

Una primera medida puede ser airear la casa, abrir las ventanas y las puertas cuando limpiemos, cuando recojamos la cocina y cuando hagamos limpieza en ella. Airear es ventilar y renovar el aire, un aire que respiramos y que cuando nos apuntamos a limpiar la casa se puede viciar por el movimiento que hacemos con el polvo.

Otro consejo, cuando fría en aceite, tape los sartenes, las ollas y utilice las campanas que absorben olores y vapores. Téngalo en cuenta. No es que el aire de casa pueda parecer viciado o que los olores dejen una mala imagen a quienes nos visiten, las moléculas de ese aceite quemado flotan en el aire y se adhieren a nuestros muebles, tanto o más que a la mucosa de nuestros pulmones.

El moho es un agente contaminante, sus esporas introducen también un elemento distorsionador en el aire que respiramos en casa y es, además, una fuente principal de alergias. Elimínelo en las zonas húmedas de la casa con productos químicos que impidan que vuelva a reaparecer.

Impida, en la medida de lo posible, que perros y gatos que convivan en el hogar lancen al aire pelos y restos de piel y hasta caspa que generen suciedad, pero también la proliferación de ácaros y con ellos las de las alergias de los miembros de la familia.

Tampoco dude en sustituir regularmente aquellos filtros de calefacción y del aire acondicionado que crea conveniente. De su buen estado, dependerá la calidad del aire de la casa y el que respiremos. Téngalo también muy en cuenta.

Limpie el polvo de la casa con la frecuencia que le permita garantizar una buena higiene del aire. Tampoco deje de observar el estado en el que se encuentran los felpudos, las alfombras y alfombrillas donde se suele concentrar una parte importante de ese polvo que funciona también como contaminante del aire.

Y, por último, las fundas de los muebles, las colchas y otros cobertores, que funcionan, a fin de cuentas, como alfombras. Limpiarlas con regularidad es limpiar el aire, el aire que respiramos.

La salud se escribe con el aire que respiramos en casa.