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Las alergias son uno de los males de nuestro mundo moderno. Un mundo limpio, y hasta aséptico, en el que nuestras defensas naturales parecen en ocasiones haberse tomado unas vacaciones definitivas.

El papel de la medicina, sus terapias y sus consejos de andar por casa se orienta a recuperar cierta capacidad de resistencia ante los efectos de las alergias y los de crear un entorno aceptable para quienes lo padecen en el lugar de donde no podemos apartarnos y hacemos una parte importante de nuestra vida, de nuestro hogar.

Una de las soluciones para la alergia, que no la solución, es la inmunoterapia. La inmunoterapia aplicada a la resolución de las molestias y males propios de las alergias opera de una manera muy sencilla. Se trata de disminuir la respuesta inmunológica del cuerpo y los efectos desagradables de las alergias.

Efectos que pueden ir desde hinchazones de la piel, a la secreción de la incómoda ‘agüilla’ que gotea de la nariz que ni son mocos, ni se puede detener; pero también las menos evidentes cefaleas. El listado del repertorio de reacciones de las alergias es extraordinariamente largo.

Y volviendo a la inmunoterapia, esta consiste en introducir en el organismo del paciente sustancias cada vez mayores del principio reactivo que ocasiona la alergia, algo que paradójicamente incrementa la resistencia natural del cuerpo a esos agentes.

En términos muy simples, se podría decir que como el cuerpo no despabila por sí solo a la agresión natural, los agentes inoculados ayudan en un nuevo plan de defensa, basado en las vacunas, saturando el sistema reactivo hasta el punto de generar esa respuesta de rechazo que debía estar en la primera reacción del organismo.

El modelo de defensa impuesto que reactiva la inmunoterapia, como decíamos, no es la solución definitiva, sólo incrementa, y de forma progresiva, las posibilidades del cuerpo para atenuar los efectos desagradables de las alergias.

Piense en el beneficio de detectar una alergia en los primeros años de vida de un niño, cuando su sistema inmunológico aún no se ha constituido en su totalidad. Aplicar vacunas para desarrollar ese sistema inmunológico, puede ser vital para que sus efectos no lleguen a la edad adulta con todos sus inconvenientes. En el mismo sentido, la observación del comportamiento reactivo de los hijos ante lo que les rodea, incluidos los alimentos, es parte de nuestra responsabilidad como padres.

Una buena política doméstica contra las alergias de alguno o de varios miembros de la familia pasa por desarrollar medidas correctivas de forma disciplinada en el día a día de la vida familiar.

¿A qué nos referimos? Pues al hecho de observar con atención los menús que se preparan en casa y sustituir los alimentos que no puede ingerir el alérgico, pero también a limpiar de forma selectiva y más cuidada las zonas susceptibles de generar ácaros entre el polvo en casa y, más lejos, en el trabajo.

El consejo médico es vital, tanto si se elige las opciones que nos puede aportar la inmunoterapia, como las también paliativas de crear con toda naturalidad un entorno no agresivo para que nuestro o nuestros alérgicos vivan y sientan su casa de forma confortable como lo que es, su hogar.